miércoles, 31 de diciembre de 2008

Ya regresamos... (último post del año)

No podíamos irnos sin despedir el año 2.008. Así que quiero desearles a todos los que nos leen -incluso a los visitantes indeseables que a veces tenemos- un feliz año nuevo, lo que vendría a significar que esperamos que en el 2.009 no se topen con empleados incompetentes ni gente insoportable, que no tengan que ir obligados a una casa ajena ni a un reencuentro de ex-alumnos y que nadie les mire el plato cuando estén comiendo. A nosotros seguramente sí nos va a tocar, así que queda blog para rato.

Por supuesto, también les deseamos cosas más normales como salud, paz, armonía, dinero, amor y todos esos asuntos que se mencionan en las tarjetas alegóricas a estas fechas.

Les dejo además un pequeño regalo hecho en casa. Se trata de un cuento que escribí cuando iniciaba el 2.003 y que justamente es una historia que transcurre a finales de año. Acá lo dejo.

Feliz año nuevo para todos, salud.

Una horrible persona

Mi familia es de ésas donde hay diez hijos y cuarenta nietos. Pocas veces se nos ve a todos juntos, y la cena de fin de año resulta una de esas oportunidades. Además, esa noche se agregan al clan los amigos, novios y vecinos; resultando aquella reunión algo más bien parecido a una feria. Siendo las cosas de esa manera, la presencia de algún desconocido resulta imperceptible para la mayoría, lo cual es una suerte para ellos porque se ahorran el interrogatorio de rigor que solemos aplicar a los recién llegados, somos gente muy curiosa, qué se le va a hacer...

A diferencia de los demás, yo noto enseguida a las caras nuevas y no me dedico a interrogarlos, pero si suelo preguntar a mis parientes acerca de ellos, es decir, tengo la misma curiosidad pero un poco más de discreción. En cada reunión suelen haber al menos tres de estos personajes, casi siempre se trata del novio o la novia de turno de alguno de mis primos o de algún compañero de estudios o de trabajo de éstos, gente muy joven generalmente.

Este año, apenas llegué a la casa de mi abuela –lugar del encuentro desde que el mundo es mundo- detecté la primera y única presencia ajena: un hombre mayor, un poco esmirriado y con un traje que si bien se veía cuidado, estaba muy pasado de moda. No sé por qué, me produjo tan mala espina su cercanía, pensé que podía haber sido porque estaba sentado en el comedor junto al Tío Pablo, quien mantiene conmigo una enemistad natural bastante antigua. Por tanto, hice todo lo posible para evitar tener que saludar a esos dos viejos que me resultaban igual de repelentes, aunque yo no conocía al otro.

Me fui al salón y me puse a hablar con dos de mis primas, a quienes no veía desde hacía tiempo, pero mi intención no era preguntarles por sus vidas sino por aquel sujeto que tanto me inquietaba. En ese momento una de ellas, Carolina, le contaba a la otra acerca de su próximo matrimonio, yo me salté todas las reglas de etiqueta y la interrumpí preguntando:

-¿Quién es esa horrible persona?

Carolina dejó de hablar enseguida y guardó silencio por varios segundos, al mismo tiempo que se cruzaba una mirada interrogativa con Laura, mi otra prima. Al no obtener respuesta, pregunté de nuevo:

-¿Quién es esa horrible persona?
-¿Qué? ¿De qué hablas?- dijo Laura.
-Esa horrible persona-respondí señalando al hombre, quien ahora se paseaba por el salón mirando los cuadros que colgaban en las paredes.
-Es un antiguo amigo de la familia, creo que se llama Pedro o algo así... -fue la respuesta de Carolina.

Noté que no había nada de cierto en lo que me contaba, que lo decía sólo para hacerme callar y poder seguir narrando los preparativos de su boda. Laura en cambio parecía dispuesta a darme cuerda toda la noche y así evitar tener que escuchar la cháchara prematrimonial de Carolina.

-¿Por qué dices que es horrible?- me preguntó.
-Sólo hay que verlo, da mala espina. Me parece una mala persona...
-¿Sí? A mí me da cómo lástima más bien... Me parece así como fracasado en el amor...

Esta vez Carolina y yo fuimos quienes guardamos silencio y nos miramos con asombro ante el disparatado comentario.

-¿No les parece a ustedes, que pareciera haber fracasado en el amor?-repitió.
- Pues no. Me parece mala persona y punto- dije, comenzando a disgustarme.

Carolina intervino:

-¡¿Cómo pueden opinar tanto acerca de ese pobre hombre si sólo lo han visto cinco minutos y ninguna de ustedes ha cruzado palabra con él?! Digo, puede ser cualquier cosa: Un estafador o un trabajador abnegado... Un solterón o un padre de familia... Un mujeriego, un idiota, un genio, lo que sea... pero nadie lo sabe, nadie puede saberlo si no lo conoce.

Ni Laura ni yo entendíamos cómo Carolina podía permanecer así, sin tener ninguna opinión, sin poder imaginarse nada. Sé que las dos sentimos en ese instante una profunda compasión hacia ella, pero no dijimos nada.

-Es cosa de imaginar-dijo Laura-como cuando ves a alguien en la calle y empiezas a pensar en quién podría ser y qué hace, a dónde irá y esas cosas...
-No entiendo-dijo Carolina.
-Como cuando un niño nace y la gente empieza a pensar cómo será cuando crezca, a qué se dedicará y eso-dije.
-OK.-dijo Carolina por toda respuesta.
-¿Tú que piensas de él?-le pregunté.
-Pues no creo que sea una “horrible persona” como tú dices, ni un “fracasado en el amor” como le parece a Laura. A mí lo que me parece es un asomado.
-¡¿Un qué?!-dijimos al unísono Laura y yo.
-Un asomado, un entrépito. ¿Qué hace aquí? ¿Por qué no está con su propia familia? A su edad debe estar casado, con hijos y nietos... Y viene a meterse aquí dónde nadie lo conoce.
-Me habías dicho que era un viejo amigo de la familia, le recordé.
-Eso lo dije para que te callaras.
-Sí, me lo imaginé. Pero entonces, ¿de dónde salió? ¿Quién lo trajo?- pregunté.
-Podrías ir a preguntárselo-me dijo Laura con sorna, sabía que yo no era capaz de hacerlo.
-No voy a hablarle, ya les dije que no me agrada. Además creo que es amigo de Pablo y ya eso lo hace indigno de mi palabra.

Mis primas se rieron de mi discurso tan teatral y comenzaron a retomar el tema de la boda. Yo pensé también que era mejor olvidarse del viejo y llenar de palabras usadas el aire, lo que siempre es la mejor forma de matar el tiempo en las reuniones familiares. Lo más adecuado era esperar pacientemente que el sujeto se largase de una buena vez de la casa de mi abuela y de mi vida. Sabía bien que después de eso no tendría que volver a verlo.

Yo no me sentía muy bien ese día y no sólo era por la presencia de la horrible persona, en realidad había pasado un mal año. Mi salud había sido precaria y había tenido un accidente que me había dejado cojeando. Pero sólo faltaba media hora para que se terminara el año, aún me quedaba esperar un poco. Los minutos restantes no quise seguir pensando en nada más, así que empecé a interrogar a mi prima acerca de todos los preparativos de su boda: el vestido, el salón, la iglesia... y ella, entusiasmada por mi repentino interés, se encargó de responder a cada una de mis inquietudes. De pronto dejé de hablar, pues observé que el maligno viejo andaba cerca de nuevo y no sólo eso, sino que tenía cargada a mi pequeña sobrina.

Me levanté de golpe y le arranqué a la niña de los brazos mientras lo miraba con furia, él se encogió de hombros y se marchó. La nena comenzó a llorar y yo intenté calmarla. Creo que ella tenía una visión distinta a la mía de ese hombre, pero aún no sabía hablar -sólo tenía un año-.

Mis primas me miraron con más miedo que sorpresa ante mi extraño comportamiento, pero no les presté atención y retomé el tema del matrimonio hasta que llegó mi madre, quien nos entregó unas copas con champaña y se llevó a mi sobrina. El resto de la familia comenzó a reunirse en el salón y mi padre encendió la radio para escuchar las doce campanadas. Faltaban cinco minutos.

El viejo aún estaba ahí, sin duda se quedaría con nosotros a recibir el año nuevo y de seguro que también a cenar. Mi angustia se acrecentaba, pero en ese momento ocurrió algo casi milagroso: Faltando dos o tres minutos para el año nuevo, el viejo anunció su partida y todos se empezaron a despedir de él. Me pareció insólito que nadie le insistiera para que se quedara al menos hasta las campanadas. Tal vez ellos supieran algo que yo desconocía.

Cuando acudió a decirme adiós me ofrecí a abrirle la puerta, quería asegurarme que en realidad se iría.

Mi hermano me gritó que me apurara que sólo faltaba un minuto. Así que saqué al viejo casi a empujones y fui a reunirme con los demás. 10, 9, 8,7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, 0. Suenan las campanas y todos se abrazan. De pronto empiezo a sentirme mejor y me doy cuenta que ya no cojeo.

Corrí hasta la puerta y vi a lo lejos la silueta del anciano que se marchaba al igual que el año viejo. Me quedé mirándolo hasta que desapareció en la oscuridad de la calle, en ese momento dejé de odiarlo. Después de todo no me había hecho nada, tal vez no era tan malo, mas nunca lo sabría, no volvería a verlo.

Entré a la casa y me dispuse a cenar junto con mi familia, por primera vez en mucho tiempo me sentía en paz. Finalizada la comida, salí a la calle a ayudar a mis sobrinos a encender algunos cohetes. Yo andaba bien alegre, pensaba que lo malo había pasado y que ahora vendrían buenas cosas para mí. Entonces entre todos los niños, vi uno que no había visto nunca y que era demasiado chico hasta para caminar. El chiquillo me miró con ojos malignos, empezó a dolerme la cabeza.

martes, 9 de diciembre de 2008

El tarado de la panadería

Siempre me ha molestado la gente que opina sin que nadie se lo haya pedido, especialmente si se trata de un vendedor a quien le estoy comprando alguna cosa. A ellos les digo: ¡Cállense! Están ganando dinero conmigo, así que no fastidien.

Un de estas situaciones me ocurrió hace un tiempo atrás cuando estaba en una panadería donde habitualmente me detenía a tomar café camino a mi casa. Se trata de un buen lugar, donde nunca va mucha gente y que atienden sus propios dueños: una pareja de portugueses de pocas palabras.

Así que yo llegaba, pedía mi café negro expreso que la dueña me despachaba con prontitud y me sentaba a fumar o a leer para después seguir a mi casa en paz. Pero uno de ésos días, no estaba el matrimonio lusitano, estaba El Tarado de la Panadería.

Apenas miré al nuevo empleado supe que las cosas no iban a ir bien. Primero se demoró en atenderme porque estaba muy ocupado hablando idioteces con uno de los clientes. Finalmente, cuando le pido el café negro, corto, El Tarado se me queda viendo y tiene la osadía de decirme: ¿Negro corto? ¿Eso es para ti?

Respiré profundo y respondí: Negro, corto. Sí es para mí. El tipo no se dio por vencido y siguió: Eso no puede ser para ti, eso será para tu papá o para tu abuelo. Ya perdiendo la paciencia, le contesté: ¿Me vas a dar el café o no?

Se volteó de mala gana para poner la cafetera, luego me dio el café y no dejaba de mirar a ver si yo era capaz de tomarlo o no. Entonces clavé mis ojos en él y me bebí el café hirviendo de un sorbo.

Por supuesto, el Tarado se quedó estupefacto y yo me quemé hasta el alma, pero valió la pena.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Exijo una explicación (5)

Por última vez en el 2.008, traemos a ustedes las frases de búsqueda más extrañas, cortesía de nuestro sistema de estadísticas:

"sida por corte de cabello": Por lo visto Ighigh no es el único paranoico con ese tema.

"frases que hablan de las empanadas": ¿Tengo que comentar algo?

"cómo ver un perfil de hi5 sin estar admitida": Deja el chisme, vale.

"frases para una vieja que habla mal de mi": Ya la gente no sabe ni insultar y tiene que buscarlo en Google.

"carro con hombre": ¿Creían acaso que las mujeres buscábamos un hombre con carro? ¡No! ¡buscamos un carro con hombre! ¡Y en Google, lo buscamos!

"me estan molestando de un movilnet como se quien es": No importa quién sea. Moléstalo tú también.

"que digan lo que digan, que hablan lo que hablan, que a mi que anden diciendo me parece predecible": Juro por Charly García que alguien puso eso en Google y vino a parar para acá.

"porque se tiene que valorar y cuidar lo que tenemos": Pues... si tú lo dices...

"la de la farmacia": ¿La qué? ¿de cuál farmacia?

"como me doy cuenta si alguien me envidiar": Ten la seguridad que nadie envidia tu manera de escribir.

Intercolegial de gaitas

Una pesadilla de mis años de adolescencia eran los famosos festivales de gaitas donde participaban los distintos colegios de la ciudad. No sé por qué razón, unos muchachos que no son músicos, no saben ni tocar la puerta y son tremendamente desafinados todo el año; milagrosamente cuando llega diciembre creen que pueden formar un grupo de gaitas y encima tienen la desfachatez de presentarse ante un montón de gente.

Los intercolegiales de gaitas se llevaban a cabo generalmente entre el 10 y el 15 de diciembre, nunca después, ya que para la segunda quincena de este mes, generalmente habrían terminado las clases. Sin embargo, las prácticas de las agrupaciones (si es que las había) comenzaban después del primero.

Otra cosa que jamás comprenderé de estos grupos, eran las bailarinas. Sin excepción, cada uno de ellos llevaba un conjunto de 6 o 7 chicas que bailaban al más puro estilo de Super Sábado Sensacional. La coreografía nunca tenía mucho que ver con la música que se tocaba, pero si algo hay que reconocerle a estas muchachas es que parecía que eran las únicas que se habían molestado en ensayar antes de la presentación. A veces pienso que la función de las niñas bailarinas no era otra que tapar a los músicos para evitar que estos fueran identificados y linchados por una multitud furibunda al finalizar el show.

También cabe destacar, que todos los grupillos participantes tienen la misma selección de canciones (la tenían en los 90, y me cambio el nombre si ha habido alguna variación), es decir, que uno se ve obligado a escuchar al menos quince versiones del mismo tema, una peor que la otra. Son infaltables "Amparito" y "Sin Rencor".

Sobre esta última gaita, habría que hacer un post completo. El comportamiento del público (no sólo los adolescentes que asisten a los intercolegiales, también ocurre lo mismo en presentaciones donde asisten adultos) se torna más estúpido que de costumbre. He visto gente llorando a moco tendido cada vez que suena la maldita cancioncita mientras hacen un balanceo de autista con los brazos.

Sé que quienes me conocen se preguntan por qué diablos yo he asistido alguna vez en mi vida a un intercolegial de gaitas. Yo me estoy preguntando lo mismo en este momento. Haber tenido catorce años no es una excusa.Que "todo el mundo iba para allá", tampoco.

Espero que algún adolescente comente esta entrada y me cuente si ahora los jóvenes gaiteros ensayan antes de presentarse.


sábado, 22 de noviembre de 2008

Hablando de canciones enfermas (IV)

Una canción que (sabe Dios por qué...) me gustaba mucho cuando tenía tres o cuatro años de edad, era un merengue que acá se hizo famoso en los ochenta cuando lo cantaba Wilfrido Vargas y su orquesta. El tema se llama "El Africano" y aunque, al igual que buena parte de la música caribeña, tiene una letra bastante simple, hoy me di cuenta que los pocos versos son relamente espeluznantes:

La negrita llamaba a su mamá
y así le decía:
Mami, el negro está rabioso
quiere pelear conmigo
ay díselo a mi papá
mami yo me acuesto tranquila
me arropo de pie a cabeza
y el negro me destapa.

Mami que será lo que quiere el negro
Mami que será lo que quiere el negro

Mami que será lo que quiere el negro
Mami que será lo que quiere el negro

Mami, el negro está rabioso
quiere pelear conmigo
ay díselo a mi papá
mami yo me acuesto tranquila
me arropo de pie a cabeza
y el negro me destapa.

Mami que será lo que quiere el negro
Mami que será lo que quiere el negro

Mami que será lo que quiere el negro
Mami que será lo que quiere el negro

El hecho de encontrarme en una situación similar a la de la negrita a la que se hace referencia, me produce escalofríos. Imaginen por un momento que están en una casa con un negro (o un blanco o un indígena o un extraterrestre, eso es lo de menos), que está rabioso. No sólo está rabioso sino que además quiere pelear. Desesperada, la negrita llama a su familia (supongo yo que por teléfono) y le cuenta a su madre lo que sucede. También le pide que le avise al padre. El negro no la deja en paz, ella se acuesta y el negro la destapa. Y de paso ¡nadie sabe qué demonios quiere!

Definitivamente no me gustaría estar en los zapatos de esa muchacha. Lo peor de todo es que como es usual en toda canción enferma, uno se queda con una gran incertidumbre: ¿qué pasó? ¿el padre llegó a tiempo para evitar que la cosa pasara a mayores? ¿alguien supo qué quería el negro? ¿siguió rabioso o se le pasó el disgusto?

Me llama mucho la atención la gran indiferencia de la madre, porque no responde nada al llamado de ayuda que hace su hija. Eso me pone a pensar en lo siguiente: ¿Por qué el negro estaba rabioso? Si hay que fijarse en algo, es en que sólo conocemos un lado de la historia, el de la negrita. Ella puede ocultar cosas para hacer parecer injustificado el ataque del negro. y seguramente la madre lo sabe y por eso no muestra ninguna reacción. Él puede tener sus motivos, es posible que la negrita lo haya obligado a escuchar los grandes éxitos de Franco De Vita o el último disco de Chino y Nacho. Así cualquiera se pone rabioso.

Es de notar también que la mujer llama a la casa de su familia y no a la policía, eso también vuelve medio sospechosa su historia. En cualquiera de los dos escenarios, nos quedamos en la misma ¿qué será lo que quiere el negro, pues?

lunes, 17 de noviembre de 2008

Las elecciones

Para bien o para mal, desde hace varios años existe en nuestro país una constante: todos los años, generalmente en diciembre (esta vez se adelantó un mes la cosa), hay elecciones. Y cada vez que se acercan los comicios, empieza a producirse un nuevo fenómeno: No sólo la gente sale como loca a comprar cosas que no necesita (con el consecuente desabastecimiento) , sino que además todo se adelanta o se atrasa en función de ello. La frase favorita: "Esto se tiene que hacer antes/después de las elecciones porque no se sabe qué va a pasar".

¿Y qué va a pasar? NADA señores, absolutamente NADA. Porque jamás ha pasado NADA a raíz de ningún proceso electoral ¡y todos los años hay alguno!.

El otro día una señora en mi oficina me decía: "Ay Macglobia, yo estoy ordenando todo para que no me quede nada pendiente para el lunes 24, porque uno no sabe si va a poder venir a trabajar" Y yo "Ajá señora, ¿y eso por qué?" Adivinen qué respondió. Sí eso mismo: "Porque el domingo son las elecciones y uno no sabe qué va a pasar". Lógicamente me desesperé y le dije que aquí no iba a pasar nada.

Aún así ella insistió "Uno no sabe, Macglobia, uno no sabe..." Procedí a preguntarle qué creía ella que iba a ocurrir, y me contestó que no sabía. Obvio, uno no sabe, pues.

Así que por eso, he aprovechado el día de hoy para actualizar el blog y contarles esto. Porque el domingo son las elecciones, y bueno, uno no sabe qué va a pasar...

martes, 28 de octubre de 2008

El Reencuentro

El facebook ha traído consigo una de las más horribles epidemias de este siglo: Los reencuentros. En cuanto grupo de ex-alumnos, ex-empleados y ex-etcéteras, nunca falta alguno que salta con la maldita idea: ¡Tenemos que hacer un reencuentro!

Es interesante observar los preparativos del funesto evento. El autor de la siniestra propuesta comienza a sugerir fechas y lugares que de plano son rechazados por los demás: No, el 25 no puedo, pero el 30 me queda perfecto, dice uno. Un segundo responde: El 30 está bien, pero no vayamos a ese sitio, hay un lugar enfrente que es muchísimo mejor. Llega un tercero: ¿Y si mejor esperamos para reunirnos en diciembre? José llega de España el 14. En resumidas cuentas, al rencuentro acuden sólo cinco de los cuarenta invitados, ya que el resto nunca supo ni dónde ni qué día era la cosa.

Otras veces sucede que la iniciativa no obtiene ninguna respuesta. Es entonces cuando quien la propuso comienza a acosar a los demás a punta de mails o mensajes. El día del evento, van tres o cuatro y no paran de hablar de lo fastidios@ que es Fulanit@, quien justamente ese día tuvo la mala suerte de enfermarse.

No sé ustedes, pero si he perdido contacto con alguna gente, he de tener mis razones. Por ejemplo, en secundaria conocí a cuatro o cinco personas interesantes, ellos siguen siendo mis amigos hasta hoy. De resto todos eran nietos de italianos cuyo cerebro sólo les permitía gritar ¡Forza Juve! con falso acento y cosas por el estilo. La idea de encontrarlos de nuevo, diez años después y comprobar que siguen siendo idiotas pero que además están gord@s, viej@s y que de paso tienen hij@s, me asquea hasta el infinito.

De verdad no quiero que Antonella Di Estupidetti me muestre las fotos de su boda y menos aún que Fabrizio Anormalli me hable de política. Tampoco quiero pagar una cerveza más cara que mi corte de cabello porque a la hora de pagar "falta plata". Por lo tanto, eso de los reencuentros mejor se lo dejamos al grupo Menudo ¿no les parece?



martes, 21 de octubre de 2008

Exijo una explicación (4)

Las cosas más curiosas que han venido buscando a este blog (por los momentos):

"frases para insultar a fumadores": ¿Qué tal si mejor te doy algunas para insultar a tu madre?

"chicos de barrio letra contigo aprendi": Macglobia no entiende, favor explicar.

"el hambre de los africanos es justa": Estamos juntando dinero para comprar un pasaje a Etiopía para mandar de vacaciones a este anormal.

"canción venezolana que habla de la heroína": ¡Yo también quiero saber cuál canción es esa! En la radio no la deben poner, sólo ponen las que hablan de vacas.

"jerga de un carnicero": Y dale con el carnicero...

"que son las palabras y frases": ¿Es en serio?

"gasolinera en paredes del melo": ¿Del qué? Voy a buscar yo "el melo" en Google, capaz y me manda para acá.

"encontrar mensajes evangélicos que hablen de la envidia": ¡Y Google lo mandó para acá! ¡para acá! ¡a buscar mensajes evangélicos!

"me han digho vieja" (sic.): Bueno, acepta que la vista empezó a fallarte ya.

"me gusta que tú enfermas no mi": Tarzán tiene gustos extrañísimos.

"gorda chillona": A menudo la gente se busca en Google.

"delito llamadas molestar": La paranoia usual que viene después de pasar un lindo rato jugando con el teléfono.

"me voy a divertir con la persona equivocada": Dale, pásalo bien. Luego me cuentas qué tal todo. Att. Google.

sábado, 18 de octubre de 2008

La Estúpida de la Farmacia

Todos los días sale un anormal a la calle, y yo tengo la suerte de toparme al idiota de turno siempre en el mismo lugar: Haciendo fila delante de mí para comprar alguna cosa.

Yo no sé si tengo algún trastorno, pero cuando estoy esperando que me atiendan ya sé exactamente qué es lo que voy a pedir y que cuento con el dinero suficiente para pagarlo. Además tengo bastante claro que los vendedores y cajeros están allí para despachar, no para que hablemos de beísbol, de política o del colisionador de hadrones. También sé que detrás de mí hay otra gente que quiere hacer sus compras y que no tengo ningún derecho a hacerlos esperar más de la cuenta. Sin embargo, pareciera que siempre hay algún tarado cuyo cerebro no le da para comprender cuestiones tan sencillas.

Lo más frustrante de todo es que estos personajes se hacen presentes cuando el establecimiento en el que coincidimos está casi vacío, es decir, justo cuando yo pienso que no voy a demorarme más de cinco minutos en hacer mi compra y acabo teniendo que esperar media hora o más por culpa de sus desvaríos.

Para ejemplificar la actuación de este espécimen, relataré una anécdota reciente:

Una tarde me encontraba en una farmacia haciendo fila para pagar un paquete de vitamina C, tenía una sola persona por delante. Lo que no me podía imaginar es que se trataba de La Estúpida de la Farmacia. La mujer, de unos cuarenta años, se acerca al farmaceútico y le dice en voz baja (aunque pude escucharla claramente): ¿Tienes la pastillita azul?

El caballero reaccionó como lo haría cualquier persona normal ante tal muestra de idiotez, es decir, le respondió de mala gana: ¿Qué pastillita azul, señora? ¿De qué me habla? La Estúpida continuó susurrando: ¡La pastillita azul! ¡La pastillita azul! El farmaceúta bastante molesto comenzó a alzar la voz: ¡¿QUÉ PASTILLITA AZUL, SEÑORA?! ¡DÍGAME CÓMO SE LLAMA EL MEDICAMENTO QUE QUIERE!

Era obvio que todos los que estábamos en la farmacia, sabíamos ya qué era lo que quería comprar la Estúpida, el farmacéutico incluído. Pero supongo que tampoco se iba a arriesgar a despachar el remedio equivocado y a ganarse un escándalo de parte de la Estúpida por no haber adivinado.

Finalmente, la mujer se atrevió a pronunciar con un hilillo de voz las dos sílabas a las que que tanto le aterrorizaban: Via-gra. El señor fue a buscarla, se la entregó y le dijo el precio. Cuando yo ya pensaba que había acabado la agonía, la Estúpida arremetió: ¿No hay alguna más barata? Afortunadamente, en ese momento llegó otro empleado del lugar y el farmacéutico (que estaba ya a punto de cometer un homicidio-suicidio) le delegó la responsabilidad de darle a la Estúpida toda la información sobre los precios de la medicación para la disfunción eréctil. Y yo pude pagar la vitamina C, después de aproximadamente cuarenta y cinco minutos de espera.

jueves, 9 de octubre de 2008

Valga la cuña...

Tengo el placer de informar a todos que el blog Misión Cero Tolerancia al Machismo Femenino, (el hermano mayor de Las Paredes que Hablan), estrena su nueva sección Consultorio Sentimental. Desde allí, Tirana y esta servidora ofereceremos nuestros consejos a tod@s aquell@s lectores que nos escriban al mail que ya conocen: lasparedesquehablan@gmail.com
¡Así que escriban ya!¡Satisfacción garantizada!

lunes, 29 de septiembre de 2008

De las peluquerías (II): Me corté el cabello


Hace algunos meses, Tirana retrataba con mucho detalle el horror que significaba para ella visitar un salón de belleza. A mí me sucede más o menos lo mismo, por eso intento evitar por el mayor tiempo que sea posible (una vez llegué a pasar cuatro años, llegué a parecer una náufraga, pero bueno, eran los 90) el tener que pisar uno de ésos lugares. No obstante, llega un momento en que es imposible seguir huyendo.

Por razones que no vienen al caso, el domingo, me tocó ir a la peluquería.

Primero entré a una que se llamaba "Hollywood" o algo por el estilo. Estuve esperando unos 45 minutos y aún no había un "técnico capilar" disponible para lavarme el cabello. Como es natural en mí, me desesperé y huí por la derecha. Caminé unos metros más dentro del Centro Comercial y llegué a otro salón. Debo agradecer a la mujer de la entrada por su sinceridad: "Vas a tener que esperar por lo menos una hora para que te atiendan", me dijo. Lógicamente, me fui sin responder nada.

El problema es que yo tenía que cortarme el cabello con urgencia, la cuestión era inaplazable. Fui en busca de una tercera peluquería y llegué a una donde no parecía haber demasiada gente. Me atendieron enseguida. La chica que me lavaba me hizo la pregunta de rigor: ¿Quién te va a atender?. Le contesté que cualquiera que estuviera libre, así que me hizo pasar a una de las sillas.

Me llamó la atención que en cada uno de los puestos había un televisor pantalla plana. Nada de viejas revistas de farándula. Sólo Ricky Martin bailando (sin audio), cosa que tenía un efecto hipnótico en esta humilde servidora.

Pocos minutos después llegó El Estilista, un tipo joven con pinta de extranjero. Le dije que me cortara las puntas, no más. Pero él no se dio por vencido y luego de preguntarme mi nombre, me dijo: Macglobia... ¿Y si intentamos algo distinto? Usualmente yo habría salido corriendo, pues tengo pánico a los experimentos de los peluqueros. Pero no sé si fue Ricky Martin en la pantalla de plasma o el acento del estilista en cuestión, lo cierto es que le di luz verde.

A partir de ese momento, el tipo se convirtió en Eduardo Manos de Tijera y mi cabello empezó a volar en todas las direcciones. Era algo impresionante. No sé cuánto tiempo duró aquello, sólo se que cuando terminó y me miré en el espejo, sentí cierta tranquilidad al darme cuenta que no me había dejado calva.

Cuando fui a pagar, me di cuenta de por qué razón había televisores planos en todos los puestos de los peluqueros. Fue el corte más caro de mi vida. No voy a dar cifras, me limitaré a decir que mi sesión con Eduardo Manos de Tijera costó cinco veces lo que me habría gastado con un peluquero corriente.

Lo peor fue que cuando llegué a mi casa y me miré al espejo con detenimiento, me vi exactamente igual.

martes, 16 de septiembre de 2008

Hablando de canciones enfermas (III)


Para la mayoría de los niños (y de los adultos también) una canción infantil es simplemente eso, una canción. Pero mi mala costumbre de analizar todo y buscarle el sentido a cada maldita cosa, hizo que creciera con un sin número de "mini-traumas" infantiles, entre cuyas causas se encuentran tres horribles canciones, cuyos autores tienen que haber sido una gente bien chismosa, amarillista y sádica.

Canción No.1: El Barquito Chiquitico

Había una vez un barquito chiquitico,
había una vez un barquito chiquitico,
había una vez un barquito chiquitico,
que no podia, que no podia, que no podia navegar.

Pasaron una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete semanas,
pasaron una, dos, tres cuatro, cinco,seis, siete semanas,
pasaron una, dos, tres cuatro, cinco,seis, siete semanas,
y el barquito, no podia, no podia navegar.

Y si esta historia no to parece larga,
y si esta historia no te parece larga,
y si esta historia no te parece larga,
la volveremos, la volveremos, la volveremos a empezar.


Yo me pregunto: ¿a nadie le dio lástima nunca este pobre barco???? encima era un barquito chiquitico!! un pobre bebé barco!!! que nunca pudo navegar!!! Pasaron 7 semanas y no podía navegar! Pero qué pasó a la 8va semana?? el barco se hundiría o qué?? Y encima la canción es tan sádica que ofrece volver a empezar, para seguir con el mismo martirio, y la misma incertidumbre.


Canción No.2: Patito, patito

Patito patito color de café
¿por qué estás tan triste? quisiera saber.
Tu pata yo ví, no lejos de aquí
con otro patito color de café

No sé si esta era la letra completa, pero por lo menos así me la enseñaron a mí. Me imaginaba una vieja pata metiche preguntándole al pobre patico por qué estaba tan triste, y sin dejar que le responda que le pasa (porque ya lo sabe la desgraciada) le suelta el chisme como quien no quiere la cosa: tu pata yo ví, no lejos de aquí, con otro patito color de café.... sucia!

Canción No.3: Mambrú se fue a la guerra

Mambrú se fue a la guerra,
chiribín, chiribín, chin chin,
Mambrú se fue a la guerra,
no se cuándo vendrá,
ja ja ja, ja ja ja,
no se cuándo vendrá.

Vendrá para la pascua,

chiribín, chiribín, chin chin,
vendrá para la pascua,
o para Navidad,
ja ja ja, ja ja ja,
o para Navidad.

La Navidad se pasa,

chiribín, chiribín, chin chin,
la Navidad se pasa y Mambrú no vuelve más
,ja ja ja, ja ja ja,
Mambrú no vuelve más.

Mambrú se ha muerto en guerra,

chiribín, chiribín, chin chin,
Mambrú se ha muerto en guerra,
lo llevan a enterrar,
ja ja ja, ja ja ja, lo llevan a enterrar.


Esta es más o menos la versión que me enseñaron de pequeña. Ahora de grande, ya sé que fue compuesta por los soldados franceses del S.18 para burlarse de la muerte de un tal duque de Marlborough, pero para la época en que yo era una niña, me imaginaba que era un pobre chiquillo que no sé por qué oscura razón había ido a la guerra, y su mamá cantaba esta canción esperándolo en la ventana de su casa. Pero es que a quién se le ocurrió convertir una canción con semejante letra en una ronda infantil?????

lunes, 15 de septiembre de 2008

Exijo una explicación (3)

Estas son algunas otras de las cosas que la gente viene a buscar al blog:

"que hace un lavaplatos": Pues, como su nombre lo indica, se dedica a construír casas.

"no me gusta pedir favores": A mí tampoco.

"soy insoportable en mi oficina": Yo también, pero no se lo cuento a Google.

"palabras jerga (carnicero)": ¿Carnicero?

"quiero un blog acerca de la envidia": Si no dices "por favor", Google te manda para acá.

"computadoras viejas": La mía.

"para un hombre es importante tener carro": Para una planta no lo es.

"espuma en la traquea": Suelta la computadora y corre al hospital.

"canciones que hablan de peluqueras": El marido de mi madre/en el último tren se marchó/ con una peluquera/ veinte años menor. "Quién me ha robado el mes de abril" de Joaquín Sabina.

"en que parte de africa halan frases": A mí también me gustaría saber eso.

martes, 9 de septiembre de 2008

Hablando de canciones enfermas... (II)



No sé por qué en estos días estaba pensando en la canción infantil "En un bosque de la China", que si la memoria no me falla, fue popularizada por el dúo Enrique y Ana (que siempre me parecieron rarísimos, si me preguntan). Lo cierto es que me puse a prestarle un poco de atención a la letra y me pareció definitivamente perturbadora, recordémosla:

En un bosque de la china la chinita se perdió
Como yo andaba perdido nos encontramos los dos
En un bosque de la china la chinita se perdió

Como yo andaba perdido nos encontramos los dos

Era de noche y la chinita

Tenía miedo miedo tenía de andar solita
Anduvo un rato y se sentó
Junto a la china junto a la china me senté yo
Y yo que si y ella que no

Y yo que si y ella que no

Y al cabo fuimos y al cabo fuimos

Y al cabo fuimos de una opinión

Bajo el cielo de la china

La chinita se sentó

Y la luna en ese instante

Indiscreta la besó

Luna envidiosa

Luna importuna
Tenía celos celos tenía de mi fortuna

Anduvo un rato y se sentó

Junto a la china junto a la china me senté yo

Y yo que si y ella que no
Y yo que si y ella que no
Y al cabo fuimos y al cabo fuimos
Y al cabo fuimos de una opinión


En un bosque de la china la chinita se perdió
Como yo andaba perdido nos encontramos los dos

En un bosque de la china la chinita se perdió

Como yo andaba perdido nos encontramos los dos

Señor@ lector@: Imagine por un momento, que usted es una niña (sí porque habla de la chinita, así que debe ser pequeña) y se pierde en un bosque en el medio de la noche. Va caminando por allí, en la oscuridad y alguien le espía ("anduvo un rato y se sentó", es decir, ya llevaba tiempo vigilando a la pequeña) pero no se ha percatado del suceso. El cansancio, la desesperación y el miedo; le llevan a sentarse. Cuando en eso, llega un extraño y se sienta junto a usted.

El sujeto argumenta que también está perdido; pero puede estar perdido no en el bosque, sino en las drogas, el alcohol o la demencia (que es lo que yo me imagino, porque eso de andar de noche en un bosque acechando a una niña no es de gente cuerda).

Después viene la estrofa de la canción que más angustia me genera; principalmente los dos primeros versos: "Y yo que sí, y ella que no". No sé ustedes, pero si yo me pierdo en el bosque y me sale un psicópata, me asustaría tanto que no me pondría a llevarle la contraria. A menos que sea absolutamente necesario, claro está. Lo que no deja lugar a dudas es que la chinita se niega a algo, saquen sus propias conclusiones.

Más adelante, el asunto se vuelve totalmente alucinado. Que si la luna bajó, besó a la china, el loco empieza a reclamarle a la luna por haberle saboteado los planes, etc. Eso me hace pensar que el tipo o era esquizofrénico o estaba en LSD, o las dos cosas.

Un detalle que es necesario acotar, es el hecho que después se vuelve al comienzo. Es decir, nunca sabemos si la chinita logró escapar y volver a su casa o cuál fue su destino. A mí me late que esa canción fue la declaración que el tipo le dio a la policía cuando encontraron el cadáver de la chinita, espero estar equivocada. Si alguno de ustedes sabe algo de ella, por favor, avise.

domingo, 7 de septiembre de 2008

El arte de molestar



Sacar a alguien de sus casillas o simplemente hacerle pasar un mal rato, puede ser una labor relativamente sencilla. De hecho, mucha gente tiene esa habilidad natural de acabar con la paciencia del prójimo. Además, todos en algún momento hemos llegado a fastidiar a la gente sin que esa haya sido nuestra intención, simplemente no nos dimos cuenta en el momento de lo que hacíamos.

Pero molestar intencionalmente es otra cosa, especialmente cuando se intenta hacerlo de forma no sólo efectiva sino creativa. Aunque existen miles de maneras eficaces en todos los casos (llamar a la casa de alguien en la madrugada) , con un porcentaje mínimo de error (que el sujeto en cuestión tenga el teléfono dañado, por ejemplo).

En mi infancia y parte de mi adolescencia, junto con otros compinches desarrollé una fascinación por hacer llamadas anónimas que le amargaron la existencia a más de uno. A medida que crecíamos, íbamos perfeccionando nuestros métodos, hasta que llegaron los Call-Id a acabar con nuestra fiesta.

Lo cierto, es que desde el día de ayer, soy víctima de mi propia maldad. Anoche miraba tranquilamente el reencuentro de Soda Stereo en el cable, cuando recibí la primera llamada a mi celular, donde lo único que se escuchaba era justamente el mismo programa que estaba viendo yo. Al principio pensé que se trataba de algún conocido (pero yo no tenía registrado su número en mi agenda) que me avisaba que estaban transmitiendo el concierto y no se escuchaba bien. Así que devolví la llamada aprovechando mis minutos libres.

Del otro lado, seguí oyendo lo mismo, por tanto colgué y me olvidé del asunto. Un rato después, vuelve a sonar mi teléfono, contesto y de nuevo, suena Soda, trancan. Vuelvo a llamar y me ponen de otra vez el televisor. Me aburro, cuelgo.

Esta mañana, repica mi celular, atiendo sin ver el número y lo mismo: Un televisor que suena del otro lado. En ese momento caigo en cuenta: Alguien me está molestando de la manera menos creativa posible. Dejo el teléfono por ahí hasta que corten, cosa que hicieron al poco rato.

Minutos después... la misma cosa.

Tengo que confesarlo: Han logrado molestarme. No por el hecho en sí, sino por la ineptitud y poca imaginación que demuestra su autor. Es una ofensa para mí, así que he decidido vengarme.

Sabiendo que de cada seis lectores de este blog hay cuatro que son venezolanos, (sólo tenemos seis lectores, y de hecho cuatro son venezolanos sin mucho oficio). He decidido publicar el número telefónico de este idiota que no sirve ni para fastidiar con ingenio.

El teléfono es: 0416-0743172 (0058-416-0743172, por si alguno de los dos lectores extranjeros lo quiere). Hagan lo que quieran.

martes, 2 de septiembre de 2008

Lo peor de internet (II): El Facebook


En la edición anterior de este post, ya había mencionado mi repudio hacia las comunidades online, para después sin muchas explicaciones, confesar que me había registrado en facebook. Sí, una vez más demostré que a mí no se me debe hacer mucho caso.

Las excusas que puedo dar al respecto son un montón, pero la verdad de todo es que decidí registrarme por una razón de peso: Me sacaba la piedra en exceso que todo el mundo hablara del fulano Facebook y yo ahí como una estúpida sin entender mayor cosa.

Luego que me registré, pensé en no cometer el mismo error en el que había caído cuando abrí mi primera cuenta de MSN: admitir a cuant@ idiota conocía. Por tanto mi lista de amigos se ha mantenido bastante reducida.

La primera impresión luego que entré a visitar el perfil de alguno de mis amigos, fue dantesca: La pesadilla de las cadenas de internet estaba presente también en el diabólico invento que llaman FunWall o SuperWall: "copia y pega esto y verás quien visita tu perfil", "dile a todos tus contactos que no acepten como amigo a Chichilo Fernández es un virus que formatea tu ordenador". Eso sin contar cosas como "te mando este pote de basura, es el pote de basura de la amistad, reenvialo a tus amigos"; además de un montón de videos estúpidos.

Pero eso era apenas una muestra del infierno que significan las aplicaciones. A pesar de tener pocos amigos, me comenzaron a llegar miles de notificaciones que me avisaban que Wareschol me había mandado tres kilos de cocaína virtual usando la aplicación "regalitos ilegales" o que Nosecuantita me invitaba a hacer el test "qué marca de antigripal eres". Debo confesar que llené muchos de estos cuestionarios (ya sé qué estación del metro soy) pero eso sí: jamás le mandé invitaciones a nadie. Primero por no molestar y segundo porque me daba mucha vergüenza que mis conocidos supieran lo ociosa que puedo llegar a ser; aunque a ellos aparentemente no les sucede lo mismo.

Tengo que decir que no todo en el Facebook es desagradable; un día me llegó una solicitud de amistad de mi mejor amigo de la infancia, de quién hacía varios años no había tenido noticias. Me agregó un mensaje que decía: "¿Macglobia, te acuerdas de mí? Yo vivía al lado de tu casa y estudiábamos juntos. Estoy en Italia ahora. Saludos." ¡Y cómo no iba a acordarme! Así que le respondí con entusiasmo, preguntando cómo estaba, qué había sido de su vida. Y no me contestó. Jamás contestó.

Más tarde descubrí que esa es una práctica común: La gente no responde los mensajes de la página, sólo envían porquería y llenan sus perfiles con aplicaciones inútiles que hacen que mi vieja computadora explote cuando trato de verlos. Y por supuesto, todos quieren ser Roberto Carlos (el cantante, no el futbolista) para tener un millón de amigos.

A mí que no me molesten, tengo que darle comida a mi perro virtual.

jueves, 7 de agosto de 2008

Exijo una explicación (2)

Según nuestro sistema de estadísticas, estas son algunas de las cosas más extrañas que la gente viene a buscar en nuestro blog:

mensajes oscuros de don omar: Me entero que hay algún mensaje en la música de Don Omar.

¿qué corte tiene en el cabello diviana?: No sé, la última vez que la vi cargaba una gorra.

comentario de isbelia: Sigo esperando que comente.

porque quiero tanto a isbelia: Como la quieres tanto, ¡dile que comente!

adiccion a jalar el cabello: ¿El tuyo o el ajeno?

mujeres jamoneandose: Este tuvo que haber sido un viejo, ningún joven usa la palabra "jamonear" ni sus derivados.

como pedirle favores al diablo?: Cuando lo sepas, me avisas.

versos que hablen de cuando andan con otra: anda con otra/y tú eres bolsa/porque en vez de pegarle/ quieres recitarle. ¿Sirvió?

como pintar las paredes de mi peluqueria: ¿Con pintura?

La maldita vieja

Por razones que no vienen al caso, en los últimos días me dio por pensar cuánto habían cambiado las cosas en los últimos diez años. Y llegué a una conclusión: los adolescentes de hoy en día tienen bastante fácil la interacción social con sus pares. Si quieren comunicarse con el novi@, un amig@ o quien sea; tienen la posibilidad de chatear, mandarle un sms, enviarle un correo electrónico, dejarle un mensaje en el facebook o en última instancia llamarle a su teléfono móvil. En mis tiempos las cosas no eran así, uno se veía obligado a telefonear a las casas de la gente. Para alguien con mi personalidad fóbica y paranoide, esto se convertía en un suplicio, especialmente por culpa de la maldita vieja.

Cuando se llama a una casa ajena pueden suceder muchas cosas. Tu llamada puede ser contestada por personajes como el abuelo sordo que grita: ¿Ah? ¿qué? ¿con quién? ¿Ruiz? No, no, esta no es la familia Ruiz. ¡Ah Luis! Sí, Luis sí vive aquí. ¿De parte de quién? ¿Quién? ¿su novia? ¿una momia? ¿una loba?¡Ah, Macglobia! Finalmente, luego de eternos minutos de alaridos, termina por decir que Luis no está. Aún así, el anciano que no escucha no es nada comparado a la maldita vieja.

La maldita vieja suele estar en su casa todo el día, por lo que las posibilidades que sea ella quien atienda, son bastante altas. Su tono de voz hace pensar que se ha tragado una caja de sedantes, por eso siempre da la impresión que uno la ha despertado (aunque sean las tres de la tarde).
El personaje en cuestión desde el primer momento demuestra con su voz medicamentosa, que le molesta en exceso contestar llamadas que no son para ella (a quien nadie llama nunca).

A diferencia del abuelo sordo, ella no tiene ningún problema auditivo, pero con la única intención de molestar, pide que le repitas una y otra vez, la misma cosa: ¿Quién es? ¿Marola? ¿Malula? ¿Marulanda?; también se dedica a hacer preguntas que no vienen al caso, con su tonito odioso: ¿Con Luis? ¿Tú estudias con él? ¿No? ¿Dónde estudias tú, pues? Ah... Mira Marulanda, Luis no está y no se a qué hora regresa. Macglobia, es la cosa. Ese nombre sí es raro ¿por qué tus padres te pusieron así? ¿cómo se llaman ellos? ¿en qué trabajan? ¿y tus hermanos?

Después de cada respuesta, la maldita vieja lanza un suspiro desaprobatorio, luego arremete nuevamente con otra pregunta, hasta que se aburre y dice que está muy ocupada. Cuando Luis llegue a la casa, ella le dirá que lo llamó una tal Mayuya ¡y cómo habla esa Mayuya! ¡No me dejaba terminar de cocinar el almuerzo!

Si se es lo suficientemente demente como para volver a llamar a la casa y por mala pata la maldita vieja responde de nuevo (y Luis sigue fuera), cuando regrese, ella le comentará: Por ahí te llamó una Malula, ha estado llamando todo el santo día.

La única manera de garantizar que la maldita vieja no va a decirle nada a Luis, es cuando se le dice: Señora, por favor, dígale que me llame, es bastante urgente. Ella nunca dará el mensaje.
Por culpa de la maldita vieja, de todas las malditas viejas, muchos pasamos nuestra adolescencia llamando a las casas para colgar apenas oíamos su insoportable voz. Por culpa de la maldita vieja, los luises y las luisas del mundo dejaron de ser invitados a fiestas. Por culpa suya y sólo suya, sudamos frío tantas veces. Deben haber sido tantas las cosas que dejamos de decir y de hacer por culpa de las malditas viejas... ¡Qué vivan los celulares, carajo!

martes, 3 de junio de 2008

Yo también puedo encontrar mensajes subliminales en todas partes (o inventarlos) Vol. 1

Yo no soporto a los fanáticos religiosos, especialmente los que andan viendo al diablo en todas partes. El otro día Tirana y yo curioseamos un grupo en Facebook (sí, sí, ya se que dije que odiaba las comunidades online y todo eso, pero a veces me dejo llevar) donde la gente se dedicaba a encontrar los mensajes subliminales, demoníacos obviamente, en las canciones de un grupo pop mexicano.

Lo que dice esa gente no tiene desperdicio; si quieren reírse un buen rato, pueden entrar a leer y a opinar. Por mi parte yo iniciaré mi propia campaña de encontrar (encontrar, inventar) mensajes subliminales en otros temas musicales. Una vez hechos los análisis correspondientes procederé a enviárselos a esa gente; los interesados en unirse pueden contactárnos al mail: lasparedesquehablan@gmail.com.

A continuación, nuestro primer estudio: Incitación al consumo de sustancias ilícitas en una canción de Armando Manzanero.

Tema: Contigo aprendí
Intérprete: Armando Manzanero

Contigo aprendí
que existen nuevas y mejores emociones
Contigo aprendí
a conocer un mundo lleno de ilusiones.

En esta estrofa que parece ser muy inocente, el autor narra sus primeras experiencias con drogas duras: La heroína lo llenó de emociones que hasta ahora no conocía y le mostró ilusiones (alucinaciones, lógico).

Aprendí
que la semana tiene más de siete días,
a hacer mayores mis contadas alegrías,
y a ser dichoso yo contigo lo aprendí.

Esta vez podemos notar la confusión temporal, uno de los efectos del consumo de narcóticos. Además encontramos alteraciones en el estado anímico del sujeto.

Contigo aprendí
a ver la luz al otro lado de la luna.
Contigo aprendí
que tu presencia no la cambio por ninguna.

De nuevo hay referencias a alucinaciones visuales (no hay ninguna luz) y ya el autor confiesa su dependencia hacia la droga.

Aprendí
que puede ser un beso más dulce y más profundo
que puedo irme mañana mismo de este mundo
las cosas buenas ya contigo las viví.

Acá la canción trata de disimular su explícito contenido, intentando hacer parecer que habla de una mujer amada; no obstante, el autor nos define a una persona en un estado total de adicción a la que no le importa morir de sobredosis.

Y contigo aprendí
que yo nací el día que te conocí.

Más claro que el agua. Su vida sólo tiene sentido si se droga.
Esto es claramente hacer apología al delito.











domingo, 4 de mayo de 2008

Hablando de canciones enfermas...


Adiós, chico de mi barrio, adónde de prisa vas así
pasas en bicicleta, no te puedo alcanzar
Si andas por el barrio pregúntale a mi canción
en que lugar de las calles tu beso hoy se escondió

Si vienes hacia mi puerta duerme entre mis brazos y descansa ya
aprisiona mi cintura que por las terrazas vamos a escapar
vamos a bailar, la la ra la la la la, a la la ra la la la la

Chico de mi barrio, flores en el pelo y los pies descalzos
chico de mi barrio con la cara sucia y el cabello largo,
cuéntame que al fin vamos a jugar a la libertad de poder amar
en algún rincón de mi casa estoy esprerándote

Si pasas por mi vereda y juegas con mi pollera, si
regálame tu sonrisa, siembra en mi vientre estrellas.

Si vienes hacia mi puerta duerme entre mis brazos y descansa ya
aprisiona mi cintura que por las terrazas vamos a escapar
vamos a bailar, la la ra la la la la, a la la ra la la la la

Chico de mi barrio, flores en el pelo y los pies descalzos
chico de mi barrio con la cara sucia y el cabello largo,
cuéntame que al fin vamos a jugar a la libertad de poder amar
en algún rincón de mi casa estoy esprerándote.


Hace unos días escuché esta canción en la radio y por primera vez le presté atención a la letra; de todas las veces que la oí en mi vida, sólo asimilaba que se trataba de un muchachito de barrio que se la pasaba descalzo, lo cual me parecía bastante repugnante para una canción. Bueno, a todas estas, escuchando con atención, yo estoy pensando que el tal chico de barrio es un niñito, porque eso de que se la pase descalzo, en bicicleta y con flores en el pelo, no son cosas de gente grande.

Total que escucho la parte que dice "Si vienes hacia mi puerta duerme entre mis brazos y descansa ya
aprisiona mi cintura que por las terrazas vamos a escapar", y me comenzó a parecer rara la cosa y decidí seguir prestando atención.

Después del coro ridículo, escucho la siguiente frase de la estrofa: " Si pasas por mi vereda y juegas con mi pollera, si regálame tu sonrisa, siembra en mi vientre estrellas." y ahí comencé a preguntarme: "¿qué demonios es esto?", "¿son dos precoces niños sadiqueándose?", "¿o es una adolescente enamorada de un indigente del barrio?" (pensé que era la cachifa pero lo descarté cuando la mujer dice que lo espera en un rincón de su casa, aunque puede ser una tipa bastante igualada que dice que la casa donde trabaja es de ella); ¿no le da miedo que el tipo sea un psicópata, un expresidiario o un escapado del manicomio? ¿sería una vieja echándole los perros a un chamito pobre, ofreciéndole sus reales y su casa?" Porque nótese que la mujer es como insistente y acosadora, el chamo se va en bicicleta y ella lo quiere alcanzar para que vaya a su casa a jugar con su pollera!!

Lo cierto es que es enfermo por donde se vea.

martes, 29 de abril de 2008

Exijo una explicación

Mediante el sistema de estadísticas de este blog, podemos conocer cómo llega la gente a visitarnos. Como se podrán imaginar, la mayoría de quienes llegan a este blog lo hacen a través de Google, y las estadísticas nos permiten también saber qué estaba buscando la gente que vino a parar acá.

Haciendo un pequeño resumen, nuestros visitantes vienen tratando de encontrar información sobre tres temas principales:

1) Hambre en el África.
2) Frases de todo tipo, principalmente "frases para insultar" o "frases para gente odiosa".
3) Winston Vallenilla.

Sin embargo, algunas veces revisando los criterios de búsqueda nos encontramos con algunas cosas chistosas o curiosas, por ejemplo, personas que llegan luego de poner en Google: por qué se burlan de los narizones, hocico de ratita o no me gusta pedir las cosas dos veces. Yo hoy me encontré con algo definitivamente perturbador; alguien llegó a este blog buscando lo siguiente:

"Coser el pelo en los manicomios"

La frase no deja de darme vueltas en la cabeza y la cantidad de preguntas que pueden surgirme al respecto, no tiene fin: ¿A la gente le cosen el pelo en los manicomios? ¿Esta persona buscaba despejar sus dudas acerca de una leyenda urbana o técnicas de costura capilar? ¿Será el nombre de alguna canción? Agradezco a cualquiera que tenga información al respecto, la deje en un comentario, ya que el asunto no me va a dejar dormir en paz.

lunes, 14 de abril de 2008

Más gente insoportable (II)

Como de costumbre, cada día encuentro más personas cuyo objetivo de vida pareciera ser molestar a los demás. Por tanto continuaré con el listado que había iniciado acá

Los enfermos que me enferman: Existen ciertos individuos que suelen padecer las más extrañas y desagradables enfermedades, las cuales generalmente viven en sus respectivas mentes. Cualquier conversación con ellos es traumática ya que se dedican a darte los más escabrosos detalles acerca de sus males; especialmente si la charla transcurre a la hora de comer, te dicen: Entonces el doctor me metió una aguja así de grande por el ojo y empezó a salirme un líquido verde. Y uno, por supuesto, no puede seguir almorzando en paz y maldice mil veces el momento en que preguntamos al sujeto que cómo estaba.
Dentro de esta misma categoría se encuentra una subespecie aún peor: Los que quieren enfermarnos. A esta gente, no se le puede decir algo tan simple como "me duele la cabeza" o "tengo gripe", pues enseguida se encargarán de darte su diabólico diagnóstico: Tienes que ir al médico, fíjate que a mi sobrino, que tiene tu edad; también le dolía la cabeza y resultó ser un tumor cerebral enorme que lo mató a las dos semanas.

Los que me llaman por teléfono antes del mediodía: Yo puedo atender una llamada sin ningún problema a la medianoche, incluso alguna vez he contestado el teléfono en la madrugada sin mucho disgusto; pero eso sí: NO me llamen en la mañana.
Durante la semana, me fastidia, porque o estoy trabajando o estoy yendo a la oficina y responder una llamada que no tiene un motivo concreto me quita tiempo. Los sábados y domingos, en cambio, trato de descansar en la mañana; ya que mis vecinos no permiten que nadie duerma por las noches.
A mí no me interesa que te hayas despertado un domingo a las 6 am. Si no se ha muerto alguien, no me llames.

Los que piensan que soy el 113: No, no soy el maldito número de información. Si quieres saber el teléfono de la Cinemateca Nacional o el de la panadería de la esquina, no me llames a mí, marca el 113 y pregunta al operador de turno. La compañía telefónica, cada año, nos regala además un lindo libraco amarillo donde están los números de comercios e instituciones, úsalo o métete en Google.

Los que creen que soy un quiosco: Vamos a aclarar algo, no existe ninguna razón lógica por la cual yo cargue chicles , caramelos o chocolates en mis bolsillos. Si quieres o "necesitas" comer alguna de estas cosas, vete a un comercio y paga por ellas. No logro entender por qué no pasa un día sin que alguien me pregunte: ¿Tienes un caramelito? Es que me provoca algo dulce.

Los fumadores que no fuman: Señores, la gente tiene que estar clara en la vida: O fuma o no fuma. Siempre me ha reventado la gente que es "fumadora social" porque eso significa una sola cosa: Que fuman compulsivamente pero sólo los cigarrillos ajenos. No se trata de ser egoísta, ojo, a mí no me importa compartir tabaco con algún familiar o amigo cercano, pero que cada dos segundos venga una idiota que ni sabe cómo me llamo a pedirme que le regale un cigarrillo porque ella sólo fuma en las fiestas me hace llegar al extremo del descaro y responderle: No fumo mientras le echo el humo en la cara.



miércoles, 9 de abril de 2008

De las peluquerías...

Quizá para la gente normal ir a la peluquería sea un hecho simple, van a la peluquería y ya. Pero para mí es todo un trance, un terrible mal necesario. Apenas entrar a una peluquería pasan varias cosas y uno se encuentra con distintos personajes:


1. La mujer de la entrada: es a la que uno le dice qué se va a hacer, y que empieza preguntando ¿quién la va a atender?, a lo que yo siempre respondo "no sé, con quien sea", porque no tengo ni idea de cómo se llaman l@s peluquer@s ni tampoco me importa.



2. La/el que lava el pelo: persona cuyo oficio es jalar el cabello hasta que a uno casi se le salgan las lágrimas. Además me produce un gran stress el hecho de que me pregunten: "qué te pongo?" a lo que pongo cara de idiota porque no sé de qué me hablan y digo "de qué??" y el/la tip@ responde: "crema o tratamiento?" (o algo así), y yo nunca sé qué responder porque no sé cuál es la gran diferencia entre los dos.


3. La/el que corta o seca o lo que sea que uno se vaya a hacer: es el personaje central de este tema, porque es con quién vamos a pasar más tiempo dentro de ese antro. Lo primero que hace es criticar el cabello de uno, el corte y/o el tinte que uno tiene, haciendo comentarios como: "ay mija y dónde te cortaron así ese pelo??", "mija, como te partieron ese cabello con esas mechas", o "muchacha tú si tienes cabello!!!".
Después, si lo que uno se va a hacer es secarse (mi caso la mayoría de las veces), pregunta: "cómo lo quieres, liso?", y yo solía poner cara de idiota, porque no sabía qué otro tipo de secado había aparte de liso, hasta que hace poco me enteré que también lo pueden secar "hacia arriba" (como Adela, para los entendidos).
Posteriormente viene la parte más traumática: cuando el/la peluquer@ quiere hablar. Si es hombre, te hablará de tu cabello, te preguntará por qué lo tienes así de partido, te recomendará tal o cual producto, etc., pero sobre todo hablará por el celular, porque lo llamarán cientos de veces mientras te atiende. Si es mujer y quiere hablar, lo hará de cualquier cosa que se le ocurra: de tu pelo, de su marido, de cuando parió, de los ladrones, de Chávez, o de cualquier cosa que a uno no podría importarle menos. Ah, se me olvidaba, todo esto bajo un ambiente musical de reggaetón, merengue de Diveana, Rocío Dúrcal o vallenato. Además que pretenden hablarle a uno ¡con el secador prendido! ; por lo menos yo nunca oigo cuando esa gente me habla y tengo que andar diciéndoles: "ah?? ah??? que??", fastidio que nos podríamos evitar todos si se quedaran callad@s. La solución más efectiva (pero no infalible) es ojear una revista mientras tanto, así sea para leer por onceava vez lo que le gustaba comer a la princesa Diana, dicho por el mismísimo chef de la familia real.
Finalizada esta etapa, se presenta una nueva situación incómoda (por lo menos para mí): la propina. Sé que hay que darle propina a la que me lavó el pelo, pero... ¿quién me lavó el pelo? ¡nunca le veo la cara!; ¿cuánto le doy de propina al que me secó? ¿y si me atendió la dueña de la peluquería (pero yo no estoy segura de si es la dueña)? ¿tengo que darle propina?¿no ofendo a nadie dándole propina?. Para evitar esto siempre trato de salir corriendo después de pagar y trato de no volver en mucho tiempo a esa peluquería para que se les olvide mi cara y el hecho de que no les di propina.

martes, 8 de abril de 2008

NO ME GUSTA PEDIR "FAVORCITOS"!

No es que me guste mucho pedir favores, de hecho trato de evitarlo a toda costa; pero cuando no me queda más remedio lo hago. La clase de favores que me enferma al extremo son los llamados "favorcitos", léase cualquier clase de desviación del curso normal de las cosas. Por ejemplo, si en un sitio atienden hasta las 6 de la tarde, y yo llego a las 6:05, no voy a pedir el "favorcito" de que me atiendan, porque simplemente el horario es ese y YA. Si me dicen que tal cosa va a estar para dentro de una semana, pues ¡voy dentro de una semana! no ando llamando todos los días a fastidiar para que me hagan el "favorcito" de agilizarme la cosa.

Pero peor aún que tener que pedir "favorcitos" para mí, es que otra persona me pida que le haga el "favorcito" de pedir un "favorcito". Es peor, porque tengo un gran problema a la hora de decirle a la gente que no, por lo que seguramente les diré que sí, pero tengan por seguro que NO VOY A PEDIR NINGÚN FAVORCITO. Voy a hacerles el favor, por supuesto, pero sin decir ningún "me lo puedes entregar mañana tempranito?", que les quede claro. Para evitar esto, cada quien tiene que hacer SUS cosas o saber a QUIÉN le piden sus favorcitos. La gente inteligente que me conoce ya sabe que yo no lo voy a hacer, pero hay gente tan ilusa que cree que voy a hacer cosas así como ¡¡¡cobrarle a alguien por ellos!!! O sea, yo no cobro ni la plata que me deben a mí, y MUCHO MENOS voy a cobrar por otra persona.

Otro comportamiento detestable que creo que puede encajar en la categoría de "favorcitos" es el pedir que lo coleen a uno. Hace poco estaba en el cine, comprando las chucherías, cuando se acercó una persona que conozco para pedir que le comprara las suyas, y lo más increíble es que no había sino 5 personas en la cola; yo se las compré sin dirigirle la palabra, y ante mis ojos esa persona quedó como ignorante, maleducada y abusadora.

Por último, aunque no sé si tiene mucho que ver, está el hecho de que no me gusta pedir direcciones a gente en la calle. Sólo lo hago en caso extremo, si ya llevo dando vueltas más de una hora, estoy sin gasolina o estoy apurada, y en este caso hay que saber muy bien a quién se le pide la dirección. Hay gente, así como mi mamá, a la que le encanta pedir direcciones a cualquier mamarrach@ que hay en la acera. Entonces yo me histerizo y le digo "Ése qué va a saber !!!!", ella me pone cara de odio y entonces tengo que preguntarle al heladero haitiano que ella escogió y que obviamente no tiene idea de lo que le estoy preguntando.

Espero que ahora antes de pedirme el "favorcito" de que les pida un "favorcito", lo piensen dos veces.

domingo, 23 de marzo de 2008

El lado oscuro de las canciones infantiles


El otro día una compañera de trabajo me contaba horrorizada que había comprado un CD de canciones infantiles para su hijita de dos años y se había encontrado con una pieza cuya letra la horrorizó: Dice algo de pegarle a la mamá, me dijo.

Busqué en los archivos de cosas inútiles que conforman mi memoria, y enseguida encontré los versos de la canción a la que hacía referencia mi compañera:

Me su...
Me su...

Me subo a la cama,
tiro la maleta,
rompo una botella,

mi mamá me pega, yo le pego a ella.

Recordé que en la primaria la cantábamos mientras jugábamos a chocar las manos; luego también pensé que en ese tiempo a mí no me gustaba tanto jugar con esa canción sino con otra. Inicié una nueva búsqueda mental para de nuevo dar con la letra:

El Cacique Guaicaipuro puro-puro,
ha matado a su mujer jer-jer,
porque no le dio dinero nero-nero,
para irse en el tren tren-tren.

Le canté el verso a la señora, con la plena seguridad que ella lo recordaría también. En efecto, me dijo con espanto que conocía la canción, pero jamás había prestado atención al mensaje. Me empecé a divertir con el asunto y mi bendita memoria me brindó nuevos versos que creía olvidados:

Arroz con leche,
me quiero casar,

con una viudita de la capital,

que sepa coser,

que sepa bordar,

que ponga la mesa en su santo lugar.


Entonces, veamos, en tres canciones infantiles encontramos referencias a: Violencia doméstica entre madre e hij@, homicidio al cónyuge por motivos económicos y finalmente un machismo delirante. Y pensar que son los discos de rock, hip-hop, reggaetón, etc. los que traen la fulana etiqueta de "parental advisory, explicit lyrics".

Es interesante también observar lo siguiente: mi interlocutora, que ronda los cuarenta años, se percata del lado oscuro de las canciones para niños justo frente a un tema que ella no conoció en su infancia (el primero que colocamos acá). No obstante, cuando le presento el contenido de los versos que ella cantó cuando niña, confiesa que a pesar de conocer la canción, nunca había prestado atención a la letra de la misma.

En resumidas cuentas, de este estudio muy poco serio, esta servidora llega a la conclusión que los de la mente impresionable no son los niños: son los adultos. Me atrevo por tanto a afirmar que ningún niño va a salir a pegarle a la mamá ni a matar mujeres porque lo oyó en una estúpida canción (sea infantil o no); no obstante, no soy capaz de decir lo mismo en el caso de un adulto (cuántos dementes no asesinaron a su pareja por una cosa que creen haber leído en la Biblia, por decir algo).

Yo propongo que la compra de determinados discos, libros, películas, etc. sea limitada única y exclusivamente a personas menores de 18 años.






lunes, 10 de marzo de 2008

Algunas consideraciones sobre la envidia


Cuando me muera me voy a ir derechito al infierno, claro, eso en caso que toda esa idiotez fuese cierta. Lo que quiero decir es que de los siete pecados capitales que señala la iglesia católica, yo he caído en todos, en todos menos uno: la envidia.

La envidia no sólo no soy capaz de sentirla, sino de entenderla. ¿Qué es? ¿Querer lo que tiene otro? Supongamos que se trata de eso, imaginemos que yo deseo un carro rojo (no sé nada de marcas de automóviles y menos de modelos) como el que algún tarado quiso restregar en mi cara en una ocasión. La cuestión es que yo me meto por completo en los zapatos de otro, no se trata del carro; pienso que para tenerlo tengo que convertirme en esa persona y qué va... Tiene al menos 50 kgs. de sobrepeso y es probable que muera antes de los cuarenta; nada personal, es sólo a manera de ejemplo.

Tratemos de ejemplificarlo con otra situación, porque de verdad que los autos me interesan tanto como el beísbol; digamos que quiero jugar con el muñeco ajeno, es decir, que me interesa el novio de otra. Eso me ha pasado millones de veces; entonces pienso que para tenerlo tendría que convertirme en esa mujer y la sensación de espanto no es normal, me imagino por un instante pasando horas en la peluquería (odio las peluquerías) y caminando con zapatos de tacón alto de la mano de un novio que me pone los cuernos ¡y con Macglobia! ¡Nada menos que con la loca de Macglobia! No, gracias.

Otra cosa que no entiendo, además de la gente que siente envidia, es las personas que creen que alguien los envidia a ellos. Supongamos que hay dementes que envidian a los actores de cine, a los empresarios exitosos o a los presidentes (yo de sólo pensar la cantidad de gente que querría secuestrarme y la de desconocidos con los que tendría que hablar me desespero), quizás esto podría tener alguna lógica en medio de todo lo incomprensible que me resulta el asunto; ¿pero quien va a envidiar a un sujeto común y corriente? ¿quién va a envidiarme a mí, por ejemplo?

Yo nunca he pensado que alguien pueda sentir envidia de mí, y de verdad, si existe ese ser habría que meterlo de cabeza en un manicomio, porque lo próximo que va a hacer es creerse Napoleón o Cleopatra. ¿Qué demonios tengo yo de envidiable? ¿mis yates y mansiones? ¿mi exitoso grupo de empresas? ¿o acaso serán mis muchos títulos en concursos de belleza?Obviamente nada de esto existe, vamos a la realidad. ¿Alguien puede envidiar mi viejo mp3 de 256 mb? ¿mi trabajo? ¿este blog que comparto con tres personas más? si es así, al manicomio, repito.

Sean serios, si no son gente que sale en TV, nadie los envidia, dejen de preocuparse. Por otra parte mando un mensaje a aquellas personas que intentan en vano hacerme caer en el único pecado capital que desconozco: Me doy cuenta de lo que tratan de hacer, no pierdan su tiempo porque están haciendo el ridículo de la manera más lamentable.

sábado, 8 de marzo de 2008

Lo peor de internet (I)


Internet ha dado a muchos una posibilidad que hasta su masificación era insospechada: la de molestar a la gente a larga distancia. No importa que te vayas del país, si esa persona que te resulta tan insoportable conoce tu dirección de correo electrónico, podrá hacerte la vida imposible a un muy bajo costo, especialmente si tiene conexión a la red desde su lugar de trabajo.

El messenger y el correo

No voy a mentir, no podría vivir sin ninguna de estas dos cosas, desde que llegaron a mis manos dejé casi en el olvido el uso del teléfono. Para mí es mucho más cómodo, por ejemplo, enviar una noticia que leí por correo en lugar de tener que llamar a la persona (y cumplir con todo el protocolo telefónico de buenos días, ¿cómo estás? ) y relatarle mi lectura.

Sin embargo, junto al correo electrónico vinieron las cadenas, las estafas y el spam. Entre personajes como el africano millonario y moribundo que quiso dejarme su herencia; y el hermano de la novia del primo de un vecino que cada día mandaba sus poemas horribles a todos los que conocía (y a los que no, también) "para que los lean y den su opinión"; dejé de sorprenderme cuando al pasar dos días sin revisar mi casilla, tenía 50 nuevos mensajes.

La creación del messenger trajo también nuevos engendros como el uso del maldito zumbido. Yo no soporto el zumbido y eso que nunca lo escucho porque siempre estoy "no disponible" o tengo las cornetas apagadas, pero la sola notificación, el saber que alguien es capaz de enviar un ruido molesto con la única finalidad de captar mi atención me saca de mis casillas.

Otra pesadilla son las repugnantes páginas para saber quien te tiene sin admisión; alguna vez esas páginas funcionaron (aún así el porcentaje de aciertos era muy bajo), pero ya no funcionan. Ahora solamente te informan quién te eliminó de su lista, cosa que se puede averiguar sin usar ningun servicio más que el propio messenger (en el caso de windows live, el método es tan sencillo y viejo que no lo pondré acá). De paso, todas estas páginas ahora tienen un añadido diabólico: Cuando alguien las utiliza y tienes a esa persona entre tus contactos, te salen un millón de ventanitas con algún estúpido mensaje como " fíjate quien te tiene sin admisión, entérate de TODO en nosenimeimporta.com!!!!!!!!".

Las comunidades online

Las comunidades online del tipo hi5, tagged, myspace etc. son una peste que nunca entenderé. La única que curioseé alguna vez y donde tuve una cuenta (culpa tuya, Ighigh ) fue hi5, nunca agregué a nadie como amigo y puse datos falsos. No sé a ustedes, pero a mí la idea que amigos míos se conozcan entre sí sin yo presentarlos o que cualquier demente que haya conocido alguna vez tenga la posibilidad de ubicarme a mí o a los de mi entorno, me da grima.

A pesar de no haberme registrado en ninguna, aparte de la ocasión que ya comenté, sólo hizo falta que algunos de mis contactos se suscribieran a estos servicios para que comenzaran a llegarme mails diciendo que Nosecuantito quería ser mi amigo; a veces también me llegaron solicitudes de gente que no conocía o que ni me acordaba de su existencia. Casi siempre el mensaje solía ser algo como "Untaradoconelqueestudiasteenprimergrado quiere ser tu amigo, entra a www.paginaapestosa.com". Al entrar en la página y tratar de saber quién demonios quería ser mi amigo, encontraba la trampa: me pedían registrarme para poder ver el perfil de esa persona.

Por otra parte, las páginas que te permiten ver perfiles aún sin estar registrado no son aptas para todo el mundo, por ejemplo para personas con una computadora vieja y problemas en la vista, como yo. Cada vez hay más opciones de "personalización" en las que los usuarios sacan a relucir lo peor que llevan dentro y hacen un gran homenaje al mal gusto. Fondos carnavalescos que hacen que cualquier texto desaparezca entre millones de estrellitas, cuadros o flores; gif animados por todas partes, videos de youtube y muchísimas fotos: una peor que la otra (¿qué clase de gente se toma una foto frente al espejo del baño de su casa?).

En una próxima edición, haré una categorización de aquellos seres que no deberían tener acceso a internet bajo ningún concepto.




jueves, 6 de marzo de 2008

Cómo no ser gracioso

Hay gente que sabe cantar, gente que sabe hacer cirugías, gente que sabe de mecánica, gente que sabe mentir, gente que sabe desactivar bombas y gente que sabe hacer reír. Si uno no es ducho en alguna de estas cosas, no debería ni intentarlo, es decir; si en realidad no eres gracioso no pretendas serlo, mejor aprende a hacer otra cosa.

Si aún así, quieres ser chistoso o al menos caer bien, nunca deberás hacer nada de lo que presentamos a continuación Si algo de esto te parece gracioso, mejor suicídate antes que alguien te mate a palos, porque tarde o temprano vas a meterte con la persona equivocada y creéme, te vas a arrepentir.

Sin más preámbulos, comenzamos.

  • Burlarse de los gays: A menos que seas gay, no lo hagas. En primer lugar, porque no es gracioso, es machista y estúpido. En segundo lugar, si eres de los ignorantes que piensan que todos los homosexuales son delicados y enclenques, te tengo noticias: Para comprar un arma de fuego, levantar pesas o tener mal carácter, no necesitas ser heterosexual.
  • Contar chistes o hacer bromas típicas de la primaria: Si no tienes ocho años, no le preguntes a la gente ¿Tu mamá te tuvo grande? ni digas ¡ay, vale! si alguien menciona el número "trece". Las cosas de la escuela primaria, se olvidan cuando se sale de allí, repetirlas a los treinta años es patético.
  • Burlarse de un niño discapacitado: Entiende algo, no eres políticamente incorrecto ni irreverente si haces esto. Sencillamente eres un infeliz que merece estar muerto luego de una larga agonía durante la cual, a los pies de tu lecho de muerte, un montón de niños discapacitados se burlan de ti.
  • Bromas físicas (despeinar a alguien, tirarle hielos, etc.): A menos que esa persona haya empezado el juego (y exista un acuerdo tácito), que no hayas cumplido los doce años o que estés en la Convención Internacional de Idiotas que creen ser Graciosos sin serlo; no te pongas en estas. Es ridículo y molesto, no da risa; además que tarde o temprano alguien se molestará en serio y ni siquiera te insultará, te romperá la cara sin mediar palabra.
  • Bromas escatológicas (eructar, sacarse los mocos, etc.): Si eres un cerdo que no puede evitar hacer cosas así en público, asume tu condición de animal y vete a revolcar a un chiquero; pero no pretendas que alguien se ría de tus asquerosidades.
Tengo la seguridad de que luego de leer este post, muchas personas pensarán que nadie en su sano juicio es capaz de hacer alguna de estas cosas, pero puedo asegurarles que he sido testigo de todos los comportamientos señalados acá y no ha sido precisamente en zonas marginales donde los he presenciado.

viernes, 22 de febrero de 2008

Guía para sobrevivir en una casa ajena


En una casa ajena leí una vez un letrerito que decía "si usted no aporta una solución, entonces forma parte del problema". Pensando en estas palabras, he decidido elaborar esta pequeña lista basada en mi experiencia, ya que desde mi infancia por una cosa o la otra siempre voy a parar a la casa de alguien.

  • Picarles adelante: Una doña no te mareará con sus preguntas si tú te adelantas y comienzas a interrogarla sin pausas. Antes que tenga chance de responder, lánzale una nueva pregunta (que preferiblemente no esté relacionada con la anterior). Por ejemplo: Bonitos zapatos ¿dónde los compró? ¿cree que vaya a llover hoy? ¿en qué fecha fue la batalla de Carabobo? ¿cuál es la capital de Camerún? Con toda seguridad, la señora se retirará a la segunda pregunta.
  • Seguir la corriente: En el post anterior aconsejaba que nunca había que llevarle la contraria a un viejo en su casa (lo mismo a las viejas), menos aún tratándose de política. No obstante, la política no es lo único que despierta fanatismo en la gente, también hay otras cosas igual de horribles como la religión y el beísbol. Por lo tanto, observa los detalles de la vivienda (siempre hay algo que los delata, una gorra del Magallanes colgando en la pared) para no meter la pata y diles que sí, que tú también eres del Magallanes.
No obstante, esto también puede ser un arma de doble filo, pues el señor se puede instalar felizmente a hablarte del tema. Por lo tanto, comunícate con señas; cuando te pregunte qué te pasa, responde muy bajito: Es que estoy mal de la garganta, no puedo hablar.
  • Simula ser alérgico: Aunque tengas una salud excelente, decir que eres alérgico te puede sacar de apuros muchas veces. Ante la presencia de una mascota odiosa, comienza a toser haciendo mucho ruido, cuando te pregunten qué te sucede; responde que eres alérgico a los perros/gatos/murciélagos y que se te tranca la tráquea, te dan convulsiones y echas espuma por la boca. El animal desparecerá de tu vista velozmente.
Una alergia inventada también puede ser la excusa perfecta para evitar comer alguna asquerosidad que te ofrezcan sin pasar por maleducado: Ay señora, a mí me encanta el helado de cebolla, pero le tengo alergia. Me dan convulsiones y echo espuma por la boca.
  • Nunca comas nada: Si te lo ofrece el marido/esposa/pareja de alguien (a quien de paso sabes que no le caes nada bien), corres el riesgo de ser envenenado (se que suena paranoico, pero puede pasar, supongo). El resto de las veces, hay un altas posibilidades de que no te guste lo que te den y luego te veas envuelto en el penoso y complejo proceso de deshacerte de la comida sin que nadie lo note. Tu frase clave para evitar comer nada es: Acabo de almorzar. Claro que si eres un cerdo capaz de tragar hasta helado de cebolla no tienes de que preocuparte.
  • Procura que tu visita sea breve: Ninguno de los consejos anteriores funcionará con efectividad si te quedas tres días en esa casa, pues les darás tiempo de iniciar un nuevo ataque. La señora podrá preparar helado de ajo hecho especialmente para ti, que eres alérgico a la cebolla.
Por ahora este es el final de la lista, espero que les sea de utilidad. De igual forma, pueden enviarnos sus recomendaciones acerca de nuevas estrategias escribiendo en los comentarios o mediante un mail a lasparedesquehablan@gmail.com.

PD: Mis alergias son 100% reales.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Casas ajenas



Evito visitar otras casas, prefiero que vayan a la mía. Mis razones son muchas, por ejemplo, no tengo tanto problema en ir a la casa de alguien que vive solo o con alguna otra persona que nunca está. Creo que principalmente lo que me incomoda son las familias ajenas, más que las casas.

Las doñas, por ejemplo, madres o abuelas; suelen hacerme demasiadas preguntas que no me dan muchas ganas de responder, principalmente porque a ellas jamás de los jamases les satisface escuchar dichas respuestas. Si me preguntan si me dolió cuando me perforaron la nariz y les digo que no, ellas enseguida empezarán a discutirlo e incluso llegarán a molestarse si no les doy la razón (¡pero te tiene que haber dolido! ¡cómo no te va a doler!). Además de eso, suelen ofrecerme comida horrible y mirar mi plato a ver si me la como.

Los padres o abuelos, me resultan igual de molestos, pero su actitud es otra. Ellos se encargarán de ofrecerme algún consejo no solicitado desde el momento que entre a su morada hasta el instante en que la abandone (para no volver nunca más, en la mayoría de los casos). Una vez el abuelo de un amigo me dijo no menos de quinientas veces en diez minutos, que "los teléfonos celulares había que guardarlos en un bolso", luego de enterarse que yo acababa de perder el mío.

A los señores también les encanta discutir de política, y cuando eso sucede amigos míos, uno siempre deberá seguir la corriente; aunque haya que hacer un esfuerzo sobrehumano para contener el vómito, nunca le lleven la contraria a un viejo en su casa.

Los maridos y esposas entran en otra categoría, lo mismo que los primos y hermanos. Los hay de todos tipos, desde aquellos que no aguantan la presencia de un extraño y dan saltos por la casa haciéndose notar; hasta otros que uno ni se entera que están allí. Yo no suelo llevarme bien con las novias o esposas de mis amigos, pero eso merece otro post.

Las mascotas juegan un papel importantísimo. Un perro chillón o un gato que se empeña en saltar encima de uno vuelve el ambiente insoportable, por muy grata que sea la compañía humana, lo mejor es salir corriendo. Lo peor del caso es cuando los dueños del animal en cuestión no hacen el menor esfuerzo de controlarlo o de llevarlo a otro lugar sino que se quedan como si nada aunque el engendro peludo te esté descuartizando.

Sin duda, las mejores casas de amigos que he visitado son esas en las que las madres preguntan poco, los padres si acaso me hablan del clima, las abuelas me ofrecen torta de chocolate, los abuelos saludan sin fijarse en las trenzas sueltas de mis zapatos, los hermanos y parejas no estorban, y las mascotas son peces. O simplemente aquellas casas en las que nunca hay nadie.