Estas son algunas otras de las cosas que la gente viene a buscar al blog:
"que hace un lavaplatos": Pues, como su nombre lo indica, se dedica a construír casas.
"no me gusta pedir favores": A mí tampoco.
"soy insoportable en mi oficina": Yo también, pero no se lo cuento a Google.
"palabras jerga (carnicero)": ¿Carnicero?
"quiero un blog acerca de la envidia": Si no dices "por favor", Google te manda para acá.
"computadoras viejas": La mía.
"para un hombre es importante tener carro": Para una planta no lo es.
"espuma en la traquea": Suelta la computadora y corre al hospital.
"canciones que hablan de peluqueras": El marido de mi madre/en el último tren se marchó/ con una peluquera/ veinte años menor. "Quién me ha robado el mes de abril" de Joaquín Sabina.
"en que parte de africa halan frases": A mí también me gustaría saber eso.
lunes, 15 de septiembre de 2008
martes, 9 de septiembre de 2008
Hablando de canciones enfermas... (II)

No sé por qué en estos días estaba pensando en la canción infantil "En un bosque de la China", que si la memoria no me falla, fue popularizada por el dúo Enrique y Ana (que siempre me parecieron rarísimos, si me preguntan). Lo cierto es que me puse a prestarle un poco de atención a la letra y me pareció definitivamente perturbadora, recordémosla:
En un bosque de la china la chinita se perdió
Como yo andaba perdido nos encontramos los dos
En un bosque de la china la chinita se perdió
Como yo andaba perdido nos encontramos los dos
Era de noche y la chinita
Tenía miedo miedo tenía de andar solita
Anduvo un rato y se sentó Junto a la china junto a la china me senté yo
Y yo que si y ella que no
Y yo que si y ella que no
Y al cabo fuimos y al cabo fuimos
Y al cabo fuimos de una opinión
Bajo el cielo de la china
La chinita se sentó
Y la luna en ese instante
Indiscreta la besó
Luna envidiosa
Luna importuna
Tenía celos celos tenía de mi fortuna
Anduvo un rato y se sentó
Junto a la china junto a la china me senté yo
Y yo que si y ella que no
Y yo que si y ella que no
Y al cabo fuimos y al cabo fuimos
Y al cabo fuimos de una opinión
En un bosque de la china la chinita se perdió
Como yo andaba perdido nos encontramos los dos
En un bosque de la china la chinita se perdió
Como yo andaba perdido nos encontramos los dos
Señor@ lector@: Imagine por un momento, que usted es una niña (sí porque habla de la chinita, así que debe ser pequeña) y se pierde en un bosque en el medio de la noche. Va caminando por allí, en la oscuridad y alguien le espía ("anduvo un rato y se sentó", es decir, ya llevaba tiempo vigilando a la pequeña) pero no se ha percatado del suceso. El cansancio, la desesperación y el miedo; le llevan a sentarse. Cuando en eso, llega un extraño y se sienta junto a usted.
El sujeto argumenta que también está perdido; pero puede estar perdido no en el bosque, sino en las drogas, el alcohol o la demencia (que es lo que yo me imagino, porque eso de andar de noche en un bosque acechando a una niña no es de gente cuerda).
Después viene la estrofa de la canción que más angustia me genera; principalmente los dos primeros versos: "Y yo que sí, y ella que no". No sé ustedes, pero si yo me pierdo en el bosque y me sale un psicópata, me asustaría tanto que no me pondría a llevarle la contraria. A menos que sea absolutamente necesario, claro está. Lo que no deja lugar a dudas es que la chinita se niega a algo, saquen sus propias conclusiones.
Más adelante, el asunto se vuelve totalmente alucinado. Que si la luna bajó, besó a la china, el loco empieza a reclamarle a la luna por haberle saboteado los planes, etc. Eso me hace pensar que el tipo o era esquizofrénico o estaba en LSD, o las dos cosas.
Un detalle que es necesario acotar, es el hecho que después se vuelve al comienzo. Es decir, nunca sabemos si la chinita logró escapar y volver a su casa o cuál fue su destino. A mí me late que esa canción fue la declaración que el tipo le dio a la policía cuando encontraron el cadáver de la chinita, espero estar equivocada. Si alguno de ustedes sabe algo de ella, por favor, avise.
domingo, 7 de septiembre de 2008
El arte de molestar
Sacar a alguien de sus casillas o simplemente hacerle pasar un mal rato, puede ser una labor relativamente sencilla. De hecho, mucha gente tiene esa habilidad natural de acabar con la paciencia del prójimo. Además, todos en algún momento hemos llegado a fastidiar a la gente sin que esa haya sido nuestra intención, simplemente no nos dimos cuenta en el momento de lo que hacíamos.
Pero molestar intencionalmente es otra cosa, especialmente cuando se intenta hacerlo de forma no sólo efectiva sino creativa. Aunque existen miles de maneras eficaces en todos los casos (llamar a la casa de alguien en la madrugada) , con un porcentaje mínimo de error (que el sujeto en cuestión tenga el teléfono dañado, por ejemplo).
En mi infancia y parte de mi adolescencia, junto con otros compinches desarrollé una fascinación por hacer llamadas anónimas que le amargaron la existencia a más de uno. A medida que crecíamos, íbamos perfeccionando nuestros métodos, hasta que llegaron los Call-Id a acabar con nuestra fiesta.
Lo cierto, es que desde el día de ayer, soy víctima de mi propia maldad. Anoche miraba tranquilamente el reencuentro de Soda Stereo en el cable, cuando recibí la primera llamada a mi celular, donde lo único que se escuchaba era justamente el mismo programa que estaba viendo yo. Al principio pensé que se trataba de algún conocido (pero yo no tenía registrado su número en mi agenda) que me avisaba que estaban transmitiendo el concierto y no se escuchaba bien. Así que devolví la llamada aprovechando mis minutos libres.
Del otro lado, seguí oyendo lo mismo, por tanto colgué y me olvidé del asunto. Un rato después, vuelve a sonar mi teléfono, contesto y de nuevo, suena Soda, trancan. Vuelvo a llamar y me ponen de otra vez el televisor. Me aburro, cuelgo.
Esta mañana, repica mi celular, atiendo sin ver el número y lo mismo: Un televisor que suena del otro lado. En ese momento caigo en cuenta: Alguien me está molestando de la manera menos creativa posible. Dejo el teléfono por ahí hasta que corten, cosa que hicieron al poco rato.
Minutos después... la misma cosa.
Tengo que confesarlo: Han logrado molestarme. No por el hecho en sí, sino por la ineptitud y poca imaginación que demuestra su autor. Es una ofensa para mí, así que he decidido vengarme.
Sabiendo que de cada seis lectores de este blog hay cuatro que son venezolanos, (sólo tenemos seis lectores, y de hecho cuatro son venezolanos sin mucho oficio). He decidido publicar el número telefónico de este idiota que no sirve ni para fastidiar con ingenio.
El teléfono es: 0416-0743172 (0058-416-0743172, por si alguno de los dos lectores extranjeros lo quiere). Hagan lo que quieran.
martes, 2 de septiembre de 2008
Lo peor de internet (II): El Facebook

En la edición anterior de este post, ya había mencionado mi repudio hacia las comunidades online, para después sin muchas explicaciones, confesar que me había registrado en facebook. Sí, una vez más demostré que a mí no se me debe hacer mucho caso.
Las excusas que puedo dar al respecto son un montón, pero la verdad de todo es que decidí registrarme por una razón de peso: Me sacaba la piedra en exceso que todo el mundo hablara del fulano Facebook y yo ahí como una estúpida sin entender mayor cosa.
Luego que me registré, pensé en no cometer el mismo error en el que había caído cuando abrí mi primera cuenta de MSN: admitir a cuant@ idiota conocía. Por tanto mi lista de amigos se ha mantenido bastante reducida.
La primera impresión luego que entré a visitar el perfil de alguno de mis amigos, fue dantesca: La pesadilla de las cadenas de internet estaba presente también en el diabólico invento que llaman FunWall o SuperWall: "copia y pega esto y verás quien visita tu perfil", "dile a todos tus contactos que no acepten como amigo a Chichilo Fernández es un virus que formatea tu ordenador". Eso sin contar cosas como "te mando este pote de basura, es el pote de basura de la amistad, reenvialo a tus amigos"; además de un montón de videos estúpidos.
Pero eso era apenas una muestra del infierno que significan las aplicaciones. A pesar de tener pocos amigos, me comenzaron a llegar miles de notificaciones que me avisaban que Wareschol me había mandado tres kilos de cocaína virtual usando la aplicación "regalitos ilegales" o que Nosecuantita me invitaba a hacer el test "qué marca de antigripal eres". Debo confesar que llené muchos de estos cuestionarios (ya sé qué estación del metro soy) pero eso sí: jamás le mandé invitaciones a nadie. Primero por no molestar y segundo porque me daba mucha vergüenza que mis conocidos supieran lo ociosa que puedo llegar a ser; aunque a ellos aparentemente no les sucede lo mismo.
Tengo que decir que no todo en el Facebook es desagradable; un día me llegó una solicitud de amistad de mi mejor amigo de la infancia, de quién hacía varios años no había tenido noticias. Me agregó un mensaje que decía: "¿Macglobia, te acuerdas de mí? Yo vivía al lado de tu casa y estudiábamos juntos. Estoy en Italia ahora. Saludos." ¡Y cómo no iba a acordarme! Así que le respondí con entusiasmo, preguntando cómo estaba, qué había sido de su vida. Y no me contestó. Jamás contestó.
Más tarde descubrí que esa es una práctica común: La gente no responde los mensajes de la página, sólo envían porquería y llenan sus perfiles con aplicaciones inútiles que hacen que mi vieja computadora explote cuando trato de verlos. Y por supuesto, todos quieren ser Roberto Carlos (el cantante, no el futbolista) para tener un millón de amigos.
A mí que no me molesten, tengo que darle comida a mi perro virtual.
Las excusas que puedo dar al respecto son un montón, pero la verdad de todo es que decidí registrarme por una razón de peso: Me sacaba la piedra en exceso que todo el mundo hablara del fulano Facebook y yo ahí como una estúpida sin entender mayor cosa.
Luego que me registré, pensé en no cometer el mismo error en el que había caído cuando abrí mi primera cuenta de MSN: admitir a cuant@ idiota conocía. Por tanto mi lista de amigos se ha mantenido bastante reducida.
La primera impresión luego que entré a visitar el perfil de alguno de mis amigos, fue dantesca: La pesadilla de las cadenas de internet estaba presente también en el diabólico invento que llaman FunWall o SuperWall: "copia y pega esto y verás quien visita tu perfil", "dile a todos tus contactos que no acepten como amigo a Chichilo Fernández es un virus que formatea tu ordenador". Eso sin contar cosas como "te mando este pote de basura, es el pote de basura de la amistad, reenvialo a tus amigos"; además de un montón de videos estúpidos.
Pero eso era apenas una muestra del infierno que significan las aplicaciones. A pesar de tener pocos amigos, me comenzaron a llegar miles de notificaciones que me avisaban que Wareschol me había mandado tres kilos de cocaína virtual usando la aplicación "regalitos ilegales" o que Nosecuantita me invitaba a hacer el test "qué marca de antigripal eres". Debo confesar que llené muchos de estos cuestionarios (ya sé qué estación del metro soy) pero eso sí: jamás le mandé invitaciones a nadie. Primero por no molestar y segundo porque me daba mucha vergüenza que mis conocidos supieran lo ociosa que puedo llegar a ser; aunque a ellos aparentemente no les sucede lo mismo.
Tengo que decir que no todo en el Facebook es desagradable; un día me llegó una solicitud de amistad de mi mejor amigo de la infancia, de quién hacía varios años no había tenido noticias. Me agregó un mensaje que decía: "¿Macglobia, te acuerdas de mí? Yo vivía al lado de tu casa y estudiábamos juntos. Estoy en Italia ahora. Saludos." ¡Y cómo no iba a acordarme! Así que le respondí con entusiasmo, preguntando cómo estaba, qué había sido de su vida. Y no me contestó. Jamás contestó.
Más tarde descubrí que esa es una práctica común: La gente no responde los mensajes de la página, sólo envían porquería y llenan sus perfiles con aplicaciones inútiles que hacen que mi vieja computadora explote cuando trato de verlos. Y por supuesto, todos quieren ser Roberto Carlos (el cantante, no el futbolista) para tener un millón de amigos.
A mí que no me molesten, tengo que darle comida a mi perro virtual.
jueves, 7 de agosto de 2008
Exijo una explicación (2)
Según nuestro sistema de estadísticas, estas son algunas de las cosas más extrañas que la gente viene a buscar en nuestro blog:
mensajes oscuros de don omar: Me entero que hay algún mensaje en la música de Don Omar.
¿qué corte tiene en el cabello diviana?: No sé, la última vez que la vi cargaba una gorra.
comentario de isbelia: Sigo esperando que comente.
porque quiero tanto a isbelia: Como la quieres tanto, ¡dile que comente!
adiccion a jalar el cabello: ¿El tuyo o el ajeno?
mujeres jamoneandose: Este tuvo que haber sido un viejo, ningún joven usa la palabra "jamonear" ni sus derivados.
como pedirle favores al diablo?: Cuando lo sepas, me avisas.
versos que hablen de cuando andan con otra: anda con otra/y tú eres bolsa/porque en vez de pegarle/ quieres recitarle. ¿Sirvió?
como pintar las paredes de mi peluqueria: ¿Con pintura?
mensajes oscuros de don omar: Me entero que hay algún mensaje en la música de Don Omar.
¿qué corte tiene en el cabello diviana?: No sé, la última vez que la vi cargaba una gorra.
comentario de isbelia: Sigo esperando que comente.
porque quiero tanto a isbelia: Como la quieres tanto, ¡dile que comente!
adiccion a jalar el cabello: ¿El tuyo o el ajeno?
mujeres jamoneandose: Este tuvo que haber sido un viejo, ningún joven usa la palabra "jamonear" ni sus derivados.
como pedirle favores al diablo?: Cuando lo sepas, me avisas.
versos que hablen de cuando andan con otra: anda con otra/y tú eres bolsa/porque en vez de pegarle/ quieres recitarle. ¿Sirvió?
como pintar las paredes de mi peluqueria: ¿Con pintura?
La maldita vieja
Por razones que no vienen al caso, en los últimos días me dio por pensar cuánto habían cambiado las cosas en los últimos diez años. Y llegué a una conclusión: los adolescentes de hoy en día tienen bastante fácil la interacción social con sus pares. Si quieren comunicarse con el novi@, un amig@ o quien sea; tienen la posibilidad de chatear, mandarle un sms, enviarle un correo electrónico, dejarle un mensaje en el facebook o en última instancia llamarle a su teléfono móvil. En mis tiempos las cosas no eran así, uno se veía obligado a telefonear a las casas de la gente. Para alguien con mi personalidad fóbica y paranoide, esto se convertía en un suplicio, especialmente por culpa de la maldita vieja.
Cuando se llama a una casa ajena pueden suceder muchas cosas. Tu llamada puede ser contestada por personajes como el abuelo sordo que grita: ¿Ah? ¿qué? ¿con quién? ¿Ruiz? No, no, esta no es la familia Ruiz. ¡Ah Luis! Sí, Luis sí vive aquí. ¿De parte de quién? ¿Quién? ¿su novia? ¿una momia? ¿una loba?¡Ah, Macglobia! Finalmente, luego de eternos minutos de alaridos, termina por decir que Luis no está. Aún así, el anciano que no escucha no es nada comparado a la maldita vieja.
La maldita vieja suele estar en su casa todo el día, por lo que las posibilidades que sea ella quien atienda, son bastante altas. Su tono de voz hace pensar que se ha tragado una caja de sedantes, por eso siempre da la impresión que uno la ha despertado (aunque sean las tres de la tarde).
El personaje en cuestión desde el primer momento demuestra con su voz medicamentosa, que le molesta en exceso contestar llamadas que no son para ella (a quien nadie llama nunca).
A diferencia del abuelo sordo, ella no tiene ningún problema auditivo, pero con la única intención de molestar, pide que le repitas una y otra vez, la misma cosa: ¿Quién es? ¿Marola? ¿Malula? ¿Marulanda?; también se dedica a hacer preguntas que no vienen al caso, con su tonito odioso: ¿Con Luis? ¿Tú estudias con él? ¿No? ¿Dónde estudias tú, pues? Ah... Mira Marulanda, Luis no está y no se a qué hora regresa. Macglobia, es la cosa. Ese nombre sí es raro ¿por qué tus padres te pusieron así? ¿cómo se llaman ellos? ¿en qué trabajan? ¿y tus hermanos?
Después de cada respuesta, la maldita vieja lanza un suspiro desaprobatorio, luego arremete nuevamente con otra pregunta, hasta que se aburre y dice que está muy ocupada. Cuando Luis llegue a la casa, ella le dirá que lo llamó una tal Mayuya ¡y cómo habla esa Mayuya! ¡No me dejaba terminar de cocinar el almuerzo!
Si se es lo suficientemente demente como para volver a llamar a la casa y por mala pata la maldita vieja responde de nuevo (y Luis sigue fuera), cuando regrese, ella le comentará: Por ahí te llamó una Malula, ha estado llamando todo el santo día.
La única manera de garantizar que la maldita vieja no va a decirle nada a Luis, es cuando se le dice: Señora, por favor, dígale que me llame, es bastante urgente. Ella nunca dará el mensaje.
Por culpa de la maldita vieja, de todas las malditas viejas, muchos pasamos nuestra adolescencia llamando a las casas para colgar apenas oíamos su insoportable voz. Por culpa de la maldita vieja, los luises y las luisas del mundo dejaron de ser invitados a fiestas. Por culpa suya y sólo suya, sudamos frío tantas veces. Deben haber sido tantas las cosas que dejamos de decir y de hacer por culpa de las malditas viejas... ¡Qué vivan los celulares, carajo!
martes, 3 de junio de 2008
Yo también puedo encontrar mensajes subliminales en todas partes (o inventarlos) Vol. 1
Yo no soporto a los fanáticos religiosos, especialmente los que andan viendo al diablo en todas partes. El otro día Tirana y yo curioseamos un grupo en Facebook (sí, sí, ya se que dije que odiaba las comunidades online y todo eso, pero a veces me dejo llevar) donde la gente se dedicaba a encontrar los mensajes subliminales, demoníacos obviamente, en las canciones de un grupo pop mexicano.
Lo que dice esa gente no tiene desperdicio; si quieren reírse un buen rato, pueden entrar a leer y a opinar. Por mi parte yo iniciaré mi propia campaña de encontrar (encontrar, inventar) mensajes subliminales en otros temas musicales. Una vez hechos los análisis correspondientes procederé a enviárselos a esa gente; los interesados en unirse pueden contactárnos al mail: lasparedesquehablan@gmail.com.
A continuación, nuestro primer estudio: Incitación al consumo de sustancias ilícitas en una canción de Armando Manzanero.
Tema: Contigo aprendí
Intérprete: Armando Manzanero
Contigo aprendí
que existen nuevas y mejores emociones
Contigo aprendí
a conocer un mundo lleno de ilusiones.
En esta estrofa que parece ser muy inocente, el autor narra sus primeras experiencias con drogas duras: La heroína lo llenó de emociones que hasta ahora no conocía y le mostró ilusiones (alucinaciones, lógico).
Aprendí
que la semana tiene más de siete días,
a hacer mayores mis contadas alegrías,
y a ser dichoso yo contigo lo aprendí.
Esta vez podemos notar la confusión temporal, uno de los efectos del consumo de narcóticos. Además encontramos alteraciones en el estado anímico del sujeto.
Contigo aprendí
a ver la luz al otro lado de la luna.
Contigo aprendí
que tu presencia no la cambio por ninguna.
De nuevo hay referencias a alucinaciones visuales (no hay ninguna luz) y ya el autor confiesa su dependencia hacia la droga.
Aprendí
que puede ser un beso más dulce y más profundo
que puedo irme mañana mismo de este mundo
las cosas buenas ya contigo las viví.
Acá la canción trata de disimular su explícito contenido, intentando hacer parecer que habla de una mujer amada; no obstante, el autor nos define a una persona en un estado total de adicción a la que no le importa morir de sobredosis.
Y contigo aprendí
que yo nací el día que te conocí.
Más claro que el agua. Su vida sólo tiene sentido si se droga.
Esto es claramente hacer apología al delito.
Lo que dice esa gente no tiene desperdicio; si quieren reírse un buen rato, pueden entrar a leer y a opinar. Por mi parte yo iniciaré mi propia campaña de encontrar (encontrar, inventar) mensajes subliminales en otros temas musicales. Una vez hechos los análisis correspondientes procederé a enviárselos a esa gente; los interesados en unirse pueden contactárnos al mail: lasparedesquehablan@gmail.com.
A continuación, nuestro primer estudio: Incitación al consumo de sustancias ilícitas en una canción de Armando Manzanero.
Tema: Contigo aprendí
Intérprete: Armando Manzanero
Contigo aprendí
que existen nuevas y mejores emociones
Contigo aprendí
a conocer un mundo lleno de ilusiones.
En esta estrofa que parece ser muy inocente, el autor narra sus primeras experiencias con drogas duras: La heroína lo llenó de emociones que hasta ahora no conocía y le mostró ilusiones (alucinaciones, lógico).
Aprendí
que la semana tiene más de siete días,
a hacer mayores mis contadas alegrías,
y a ser dichoso yo contigo lo aprendí.
Esta vez podemos notar la confusión temporal, uno de los efectos del consumo de narcóticos. Además encontramos alteraciones en el estado anímico del sujeto.
Contigo aprendí
a ver la luz al otro lado de la luna.
Contigo aprendí
que tu presencia no la cambio por ninguna.
De nuevo hay referencias a alucinaciones visuales (no hay ninguna luz) y ya el autor confiesa su dependencia hacia la droga.
Aprendí
que puede ser un beso más dulce y más profundo
que puedo irme mañana mismo de este mundo
las cosas buenas ya contigo las viví.
Acá la canción trata de disimular su explícito contenido, intentando hacer parecer que habla de una mujer amada; no obstante, el autor nos define a una persona en un estado total de adicción a la que no le importa morir de sobredosis.
Y contigo aprendí
que yo nací el día que te conocí.
Más claro que el agua. Su vida sólo tiene sentido si se droga.
Esto es claramente hacer apología al delito.
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